Memoria histórica

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La señora Maria Jesús Bono Lahoz falta a la verdad, o si ustedes lo prefieren miente. Miente además en un papel oficial de la Generalitat de
Catalunya. Efectivamente yo me inscribí en el “Primer Col.loqui Internacional: Memorial Democràtic….” pero sólo acudí al acto inaugural
celebrado en el Palau de la Generalitat bajo la presidencia del Molt Honorable con una conferencia tan interesante como inaudible de Josep
Fontana. Así que la señora Bono no puede certificar mi participación porque jamás puse los pies en la sede de dicho coloquio ni asistí a ninguna de sus sesiones.
Esperemos que abriendo tumbas y exhumando cadáveres no tengan el mismo rigor.

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Els records de Macià Alavedra

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Entre la vida i la política. Records (L’esfera dels llibres) és un recull de memòries polítiques de l’ex conseller d’Economia Macià Alavedra, que oscil•la entre la transició i l’era actual a Catalunya. Als seus records, Macià evoca personatges com ara Pompeu Fabra, Josep Tarradellas, Francesc Pujols o Alexandre Planas; però ell n’és el protagonista al costat de Jordi Pujol, Ramon Trias Fargas o Miquel Roca. El marc de la novel·la [las cursivas son de este bloguero] va més enllà de Catalunya, ja que les memòries d’Alavedra arriben també a París i Londres. El seu testimoni és recollit per Enric Vila”.

Fuente: Leído en la Red

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“Tumbado en la cama, con los oídos indefensos –no encontró los tapones de cera-, había ya escogido para la contraportada del libro su foto preferida de perfil más liberal (un aire casi inglés de exiliado con cátedra en alguna universidad californiana: atuendo de sport, pipa, cabellos al viento y un fondo de playa solitaria) y ahora corregía la tercera versión que acompañaría a la foto.
Basándose en la idea wildeana según la cual arrepentirse de algo es modificar el pasado, el autor confiesa en esa autobiografía un ayer imperecedero. Vuelve sobre sus pasos –explicando sin rodeos, si viene al caso, alguna impetuosa zancada juvenil, insolente e irreflexiva –sorteando las trampas que los “archivos oficiales” de la memoria suelen tenderle siempre al historiador comprometido. El camino que el viejo cronista se propone hoy desandar se va estrechando, limitado, el paisaje cambia. Nunca quiso Luys Forest narrar escuetamente los hechos por temor a verlos desmentidos: inventó, porque la invención sobrevive siempre a la dudosa realidad que dictan los políticos. El hombre que durante tantos años escamoteó, saqueó y falsificó (él mismo no ha tenido reparo en confesarlo públicamente) las luchas del pasado en la memoria popular, el patrimonio común de la verdad, reivindica en su último libro, la forma, el tono y los gestos de la tradición oral, desdeñando la engañosa autoridad del documento”.

Juan Marsé: La muchacha de las bragas de oro, pág. 219.

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“En el cas Estivill, em van cobrir d’acusacions i al final en la sentència de 120 pàgines que va surtir ni tan sols hi sóc esmentat”.
Macià Alavedra, Entre la vida i la política, pág. 132.

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“Comentando con mi amigo Enric Vila estos recuerdos políticos, que él ha ido recogiendo tan fielmente como se puede exigir según su particular estilo, han ido creciendo dentro de mí algunas dudas. ¿Qué será del paraíso de mi niñez y de todos los esfuerzos que he dedicado a mantenerlo vivo? ¿Qué será del legado político de nuestra generación? ¿De qué habrá servido todo ello? ¿Lo podríamos haber hecho mucho mejor o es que los problemas de los países son permanentes y sólo se trata de ir pasando?”

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“Nadie cenó nada; había unos canapés”, explicó ayer el ex conseller Macià Alavedra respecto al encuentro en su casa ocurrido en noviembre de 1993 y al que asistieron, además de él, José María Amusátegui [ex presidente del Banco Central Hispano], Luis Magaña [presidente de FECSA], Joan Piqué Vidal y Lluís Pascual Estevill. Antoni Bruguera, el magistrado del Tribunal Superior de Justícia de Catalunya que instruyó la causa en la que se investigaron presuntos sobornos al ex juez Estevill, rastreó la factura de la cita, y la encontró tras un registro realizado en una conocida firma de comida a domicilio de la ciudad. Después de repasar nota tras nota, encontró una que coincidía con el día de la cita y que había sido sufragada por la Conselleria d’Economia i Finances. El importe era de 54.000 pesetas (324,55 euros). Alavedra reconoció ayer que el departament había abonado el tiquete”.

La Vanguardia, 5 de octubre del 2004.

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“El cas Martí de Riquer”, de Xavier Rius.

Una entrevista a los padres de Paquito, el poli al que asesinó Puig Antich.

Al día siguiente de la ejecución de Puig Antich.

“Espero que la muerte de mi hijo sirva de lección”, nos dice don Diego Anguas Ventura, padre del policía asesinado”.

Francisco Jesús era un joven sencillo, lleno de ilusiones y proyectos.

SEVILLA, 2 (Pyresa) – “Confío que la muerte de mi hijo (un jóven y magnífica criatura) y las tristes circunstancias que la motivaron sirva de lección para muchos. Yo espero que la sangre por él derramada sirva para hacer entrar en razones a todos aquellos que hacen bandera de la violencia”

Quien esto dice, serenamente conmovido, es don Diego Anguas Ventura, el afligido padre de don Francisco Jesús Anguas Barragán, el subinspector del Cuerpo General de Policia de 24 años, que encontró la muerte el 25 de septiembre pasado en Barcelona, cuando en unión de otros compañeros, efectuaba un servicio. Don Diego Anguas y su esposa doña Dolores Barragán, soportan cristianamente su dolor en Sevilla, donde viven desde hace muchos años.

Los visitamos en su modesto piso de la calle de Albar Nuñez de esta ciudad, en la parte moderna del castizo barrio de Triana donde habitan tambien dos hijos menores del matrimonio: Ramón de 16 años y estudiante de quinto de bachillerato y Juan Carlos, un travieso chico que hace séptimo de Básica. La única hija del matrimonio que tiene veinte años se casó hace unas semanas.

-Francisco Jesús (nos dice su madre) era el mayor. Veinticuatro años tenía cuando le asesinaron. Era un hijo muy bueno, todo le parecía poco para mí para su padre, para sus hermanos.

Doña Dolores vive bajo el recuerdo de su hijo muerto tan tempranamente. Fotografías del muchacho. Sus credenciales. La Medalla de Oro al Mérito Policial que se le concedió a título póstumo,

-¿Cómo era su hijo?

- Paco Jesús (nos dice el padre, un hombre de 52 años, Guardia Civil, curtido por el servicio, que trabaja ahora como radiotelegrafista en la emisora de la Benemérita) era un muchacho cariñoso. Le gustaba la música clásica y practicaba varios deportes: piragüismo, judo, gimnasia. De carácter era algo retraído y serio pero tenía muchos amigos. Le encantaba la vida familiar. En realidad, siempre fue un chico muy casero y un buen estudiante- Hizo el bachillerato en los Salesianos de Triana y sacó la revalida de forma brillante en el Instituto San Isidoro de esta ciudad. Luego se preparó a fondo para ingresar en la Policía y sacó el número 33 entre los 450 que se presentaron a la oposición.

-¿Era policía de vocación?

-De una gran vocación. Desde chiquitín había pensado hacerse policía. Tanto es así que cuando terminó el bachillerato propusimos que estudiara alguna cartera y yo incluso le hable de la posibilidad de que se hiciera Guardia Civil, pero dijo que no, que lo que verdaderamente le gustaba era la policía.

-¿Ha salido, alguno de sus hijos pequeños con esta vocación?

-Si. Ramón, el de 16 años, quiere ser también policía.

-¿Y usted que dice a ello?

-Que es una noble manera de servir a la Patria, Y si, además tiene vocación tan fuerte como la de su hermano mejor.

-¿Cómo fue la vida policial de su hijo?

-Ingresó en la Academia en abril de 1971 y de allí salió destinado a Barcelona. Luego se vino a Sevilla a hacer el servicio militar en Caballería y estuvo aquí durante un año agregado a la Jefatura Superior de Policía. Pasada la “mili” se incorporó a su destino en Barcelona. Allí estuvo, primero, en un grupo de escolta de personalidades y viajaba mucho. Por eso, cuando se echo novia pidió el cambio de servicio para no tener que estar mucho tiempo fuera de Barcelona y lo destinaron a la Brigada Social pensando casarse pronto. Su novia Luisa Samaranch (sobrina por cierto, del que fue delegado nacional de Deportes) es una chica de 18 años de la que mi hijo estaba muy enamorado. Quería casarse, pero antes tenía que reunir dinero para la boda. Precisamente la última vez que Paco Jesús estuvo en Sevilla fue a ver un piso, pensando en el matrimonio”

-¿Entonces pensaba venir a Sevilla?

-Si, prácticamente estaba destinado ya a Sevilla y esperaba incorporarse a esta Jefatura Superior en octubre o noviembre. Pero cuando iban a cumplirse sus dos grandes ilusiones, Venir con nosotros y casarse, le segó la muerte. Algunos de sus compañeros de Barcelona (seis o siete que querían venirse también a Sevilla) ya están aquí. Todos nos han visitado para hablarnos de él.

-¿Qué dicen sus compañeros su hijo?

-“De él no se puede decir más que cosas buenas. Que era un compañero estupendo, que tenía una vocación enrome que se ofrecía voluntariamente para los servicios más difíciles que era, en suma, un caballero. En fin, ese es el único consuelo que nos queda a su madre y a mí, saber que tuvimos un gran hijo. Por eso yo espero que su muerte no haya sido inútil que sirva de ejemplo”

[Fuente: “La Prensa”. 2 de marzo de 1974]

Realidad, ficción y «el otro muerto»

Por José Luis Giménez-Frontín

Hacía mucho tiempo que no seguía en prensa una recuperación tan rigurosa de la memoria, que además plantea una reflexión de largo alcance sobre la utilización como materia narrativa (y reivindicación política) de un pasado del que se conservan testimonios directos. No aludo al pique entre Marsé y Trallero en torno al asesinato de Carmen Broto que el primero recuerda y que Trallero es de la opinión que el novelista no puede recordar, sino que cree recordar. Ya se sabe que la memoria no sólo es selectiva, sino también retóricamente narrativa; pero discutirle a alguien sus recuerdos a partir de hipótesis más que nada lógicas suena, la verdad, a ejercicio indemostrable, un punto retórico.

Llamo la atención, en cambio, sobre los trabajos publicados en prensa, ambos el pasado domingo, por Joan de Sagarra y Marcos Ordóñez sobre la figura de Puig Antich, ejecutado a garrote en 1974, sobre la película a él dedicada y también -lo que constituye la clave del trabajo de Ordóñez- sobre la figura de su víctima, el subinspector Francisco Javier Anguas. De Sagarra destacaré su constatación de las distancias que la izquierda organizada en torno al Partido se tomó ante la ejecución de Salvador Puig Antich que, en definitiva, no eran sino reflejo, de cara a una futura transición, de su distanciamiento crítico frente a toda aventura armada. Yo mismo, en unas memorias en las que trabajo, constato que la efectiva campaña organizada cuatro años antes por el Partido en contra de las penas de muerte chapuceramente solicitadas en el Juicio de Burgos se llevó a cabo, muy especialmente, para debilitar las defensas del franquismo, no en legitimación de los primeros asesinatos de ETA. Del artículo de Sagarra también destacaré que, pese a la empatía que sintió hace más de 30 años por aquel revolucionario de imagen tan jovial -podría haberse convertido en el icono de nuestro Che-, y a la fidelidad que el crítico y periodista de hoy manifiesta por el joven Sagarra de entonces, observe que la película Salvador constituye, acaso por su empeño hagiográfico, un fiasco de guión lamentable.

La aportación del también crítico teatral y periodista Marcos Ordónez es, si cabe, de mayor calado, pues nos enfrenta al insólito retrato de su víctima, un policía de aquella misma generación, tímido, universitario, cinéfilo, rendido admirador de Melville y de Buñuel, respetuoso en cualquier caso de la legalidad civil: el arquetipo del funcionario ideal de la futura democracia. De hecho, el Ordóñez rebelde de los años 70 otorga ahora al escritor maduro la privilegiada -y desasosegante- situación de haber conocido personalmente al asesino y a su víctima. Y el escritor maduro nos recuerda que, para que una hagiografía funcione, el narrador, el autor teatral o el cinematográfico, han de borrar de la víctima todo rasgo individual o humano, reduciéndolo -como en el montaje La Torna de Albert Boadella- a la condición caricaturesca de un pelele escénico.

José Luis Giménez-Frontín. “El Mundo” 6 de octubre del 2006

1 comentario

  • Benvolgut, de Macià Alavedra se’n podrien dir tantes coses i tan bones! Per exemple, et proposo cinc exercicis molt gratificants:
    1) Examina la diferència entre els preus pagats pels quadres de Doris Malfeito, senyora d’Alavedra, quan aquest era conseller del Govern i els que es paguen ara.
    2) Comprova quantes obres de Doris Malfeito va comprar el Senyor dels Anells Olímpics mentre va ser president del COI i de “la Caixa”, entitats que van pagar les factures corresponents.
    3) Esbrina si fou per amor a l’art que Juan Manuel “John” Rosillo, mort l’octubre de l’any passat a Panamà, fugitiu de la Justícia espanyola, va folrar les parets del seu despatx de la immobiliària Kepro, que ell presidia, amb quadres de la senyora d’Alavedra (www.elconfidencial.com/cache/2007/11/08/79_rosillo_empresario_emblematico_fugado_espana_muere_infarto_panama.html)(www.elmundo.es/papel/hemeroteca/1999/03/23/catalunya/634123.html).
    5) Pregunta quin interès podia tenir per als nens la “Petita història de Doris Malfeito” publicada l’any 1995 per Mediterrània, amb il·lustracions de Pilarín Bayés.
    Salut i força!

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