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No nos mataremos
Una de las formas de controlar la población, es instalar entre ella “el pánico social” Es más propio de los regimenes dictatoriales, que de las democracia maduras como representa que es la nuestra. La instalación en algunas esquinas de Barcelona de un cartel pintado en el suelo –contraviniendo abiertamente la normativa aprobada por el propio ayuntamiento- en que puede leerse que: “A Barcelona, 1 de cada 3 morts en accidents de trànsit anava a peu. Atenció tots son vianants” me recuerda a aquellos carteles, que en determinados “puntos negros” de la red de carreteras, durante el franquismo, contabilizaban el número de muertos habidos en aquel mismo lugar.
Pero a la vez es “postmoderno” Está en línea de colocar un ramo de flores en el arcén de la carretera, donde falleció en accidente de tráfico un ser querido; dar por las pantallas de las autopistas el número de muertos ocurridos el anterior fin de semana, o hacer campañas preventivas con imágenes desgarradoras. Con la pretendida “humanización” de los mensajes se consigue precisamente su efecto contrario: “la deshumanización” que es de lo que se trata. De que la gente tenga miedo –mejor si puede ser pánico- al tráfico, a la sequía, al aceite de girasol…miedo hasta que las autoridades, que nos tutelan, se hacen cargo de la situación.
Pero es que además el cartel barcelonés es un acto de fuerza, una demostración de que la calle es suya. No todo consiste en sacar la Brunete. Efectuar un control de alcoholemia en plena calle Balmes, ametralladora en ristre -¿para cuando los mísiles tierra-aire? -tiene una clara función disuasoria, un argumento persuasivo a través del miedo que infunde la ostentación de las armas. Pero además el mensaje crea una comunidad a la que por lo visto todos estamos obligados a pertenecer, la comunidad de los viandantes: “tots son vianants” como todos éramos, nos gustase o no, miembros de los Sindicatos Verticales. Precisamente en una ciudad como Barcelona donde el espacio para transitar cada vez se ve más acortado El transeúnte en Barcelona esta en peligro de extinción, no sólo por la mortalidad del tráfico, sino especialmente por una clara decisión política de nuestros ediles. Hay que acabar con los caminantes.
Pero no menos sorprendente resulta el mensaje en sí mismo. Que en plena época del Internet, de los medios audiovisuales, de las campañas publicitarias en todos los medios de comunicación, o del constante buzoneo de toda suerte de publicaciones municipales, se haya recurrido a semejante “rupestre sistema” recuerda aquella frase de Marcuse según la cual “el medio, es el mensaje” Y el medio, es parecido a aquellos carteles enganchados en las fachadas de los inmuebles que ofrecen piso en la zona, “solo a particulares” o aquellos papelitos colgados en los faroles donde igual se ofrece nativo para clases de ingles que señora peruana para cuidar personas mayores. Hay que llevar el miedo, por la vía de la “proximidad”, sin recurrir a la “vía oficial” del anuncio pagado. El mensaje es anónimo, nadie lo firma, demuestra bien a las claras la existencia de “un ojo de Dios” que todo lo ve, que todo lo sabe, “1 de cada 3”, que nos tiene perfectamente controlados, así que mucho cuidadito con lo que hacéis, hijos míos porque os estamos viendo.
El inocuo cartel es una prueba fehaciente de la implantación del “pensamiento único”, de “lo políticamente correcto” de la imperiosa necesidad de que tiene la izquierda de que todos seamos buenos…porque sino. Que nuestra autoridades no sufran estamos todos perfectamente acojonados…al menos yo.
La Vanguardia, 11 de mayo de 2008
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Un Picasso casi vacio (II)
En mi última columna les hablaba de las sorprendentes declaraciones del señor Serra que pretendía reducir el número de visitante del museo Picasso que dirige. Mis comentarios dieron lugar a algún acaloramiento. A mí la verdad es que casi se me parte el labio de risa. Barcelona, una ciudad hecha cisco por el exceso de turistas, en un crecimiento a todas luces insostenible, incapaz de introducir una mínima, apenas simbólica, “tasa turística” para paliar en algo los efectos de la verdadera plaga que estamos sufriendo, empieza por querer reducir el número de visitas… en el Museu Picasso. ¡Realmente sensacional! Casi tanto como la afirmación del señor Josep Eroles según la cual “(…) en los últimos años el Picasso verá que el interés real por el arte no está tan claro. En cambio, sí lo está el cumplimiento esnob de una cita que, por masiva, resulta totalmente inadecuada para plantarse delante de cualquier tela y sentir o reflexionar con ella”. ¡Claro, claro! Así que los catalanes –que por cierto viajamos mucho- cuando nos encontramos ante la Mona Lisa o la Pirámide de Keops tenemos un vivo interés por el arte, ni cumplimos con una cita esnob, ni es masiva, ni resulta inadecuada para reflexionar. Es que los catalanes si que lo sabemos hacer y los extranjeros que visitan el Picasso no tienen ni puñetera idea.
Claro, porque como afirma el director se trata de un “regalo de Picasso a los catalanes”. En estas mismas páginas, Enric Juliana explicaba que Madrid se ha llenado este pasado fin de semana de miles de catalanes, que han aprovechado el puente del 1º de Mayo para realizar su primera excursión en AVE a la capital de España. Mientras las autoridades locales celebraban el doscientos aniversario del 2 de Mayo, los catalanes invadían la capital para disfrutar de sus calles, sus restaurantes, sus bares y sus museos”. ¿Se imaginan al director del Prado, del Reina Sofia o de la Thyssen diciendo que sus respectivos museos son un “regalo para los madrileños”? ¿Qué cara pondríamos los catalanes?
Precisamente mañana sábado se cumplen 40 años, una cifra que no parece baladí de la donación Picasso de “Las Meninas” al museo de Barcelona. Las peripecias en pleno Mayo del 68, de los Gil, los Gaspar, los Ainaud y tantos otros para traer los cuadros harían las delicias de cualquier guionista de Hollywood ¿Cómo lo piensa celebrar el museo? No sabe, no contesta
Tiene toda la razón del mundo la señora Àngeles Soler cuando dice, en una “carta de los lectores” que bajar las visitas “vol dir plantejar-se nous objectius, proposar nous projectes i programes i cercar nous públics. Val la pena intentar-ho. Ànims, senyor Serra”. Para ello, por lo visto, nada mejor para ello que celebrar el pasado “diumenge 16 de març a les 12 hores el Museu Picasso de Barcelona presenta, dins del cicle «Diumenges al Picasso», una nova proposta de circ a càrrec del malabarista monociclista Boni”.
La Vanguardia, 9 de mayo de 2008
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Llegan las maduras
El mundo no sólo es de las mujeres, como todos sabemos, especialmente los hombres, sino que además ahora el mundo es de las mujeres maduras. Han llegado las maduras, porque las mujeres, al contrario de los hombres no envejecen, sino que simplemente maduran, como en su día llegaron las suecas a nuestras vidas con el bikini a cuestas, e hicieron más ellas solas por combatir al franquismo que muchos luchadores antifranquistas, simplemente enseñando una porción de pechuga. Atrás quedaron aquellos tiempos en que era más fácil que a una mujer de más de cuarenta años le cayera encima una bomba atómica que encontrara novio. Porque como dijo la actriz Glenn Close al ser requerida sobre su edad, “si usted nunca hubiera comido manzanas ¿cómo las preferiría verdes o maduras?”
Las mujeres son, pues, como los buenos vinos, que con los años van ganando. Las maduras hoy en día están de muy buen ver, impresionantes, en dos palabras. Aunque no sé si esto se puede ya escribir habida cuenta de la “ola de pornografía que nos invade” sólo comparable a “la pertinaz sequía” Por eso no entiendo el revuelo que se ha organizado cuando la cancillera alemana, la señora Merkel ha aparecido en la ópera portando un generoso escote, un poco en plan Pilar Rahola mostrando una generosa ración de humanidad, un frontispicio que parece no acabarse nunca entre las profundidades abismales del canalillo. La señora Merkel ha dado pruebas fehacientes de la resultante del milagro alemán, como la señora Rahola es el fruto del milagro catalán. No todo ha de ser la señora Carla Bruni, que ha pasado de aparecer en pelota picada a lanzar miraditas de soslayo, como si fuera Lady Di.
Aquí nadie se asusta de que a la señora Chacón la hagan Ministra de Defensa. Al fin y al cabo la defensa es demasiado importante para dejarla sólo en manos de individuos como el señor Bono. Y así a bordo de una preñez considerable a voz en grito ordenase, “¡Capitán, mande firmes!”, poniendo la piel de las gallina a las feministas, que lo que quieren es que las ministras salgan en la portada de Vogue, porque en eso por lo visto consiste la igualdad aunque a doña Esperanza Aguirre, otra madura considerable y que está sembrada últimamente, eso del Ministerio de la Igualdad le parezca como el Ministerio del Amor. A mí también me impresionó porque más que una orden castrense parecía un eslogan para nuestras vidas, especialmente para la vida de los catalanes en estos próximos cuatro años. Es normal que su nombramiento levante las iras de los militares ultras y las del señor Joan Joel, por aquello de que los extremeños se tocan. Y es lo que tienen las maduras, que igual van al chapista a que les arreglen hasta las uñas, que son madres solteras por la inseminación “in vitro”, que tienen ideas.
Una madura con las ideas bien puestas es una cosa importantísima, un arma letal. No sólo es la carrocería lo que cuenta sino que también todo lo demás. La señora Carla del Ponte, por ejemplo, la ex fiscal del Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia, ha enviado literalmente a la cúpula de ERC a hacer puñetas. ¿Y qué tendrá que ver esa señora con el partido catalán? Pues muy fácil. Mientras lo líderes republicanos brindaban con cava por la independencia o así de Kosovo, ¿saben qué hacía la señora Ponte? Pues muy sencillo, acusaba al Ejército de Liberación de Kosovo (UCK) de permitir el tráfico de órganos humanos de ciudadanos civiles serbios. Yo creo que tendrían que invitarla al próximo congreso de Esquerra. Como invitada de honor.
La Vanguardia, 21 de abril de 2008
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La pela es la pela
Esta máxima catalana parece ser que rige la política exterior de nuestra nación. Que la Generalitat de Catalunya se persone como parte en el juicio por genocidio contra Ruanda, en donde fallecieron dos catalanes, no parece que vaya a preocupar demasiado a ningún sector económico de este país. Catalunya es un país solidario, solo falta ver las balanzas fiscales con España, que nunca se ven para saberlo, o los camiones que con gran fanfarria partían con ayuda humanitaria para Sarajevo, desde la plaça Sant Jaume mientras a escasos metros “Caritas” repartían comida entre vecinos del Raval por que había una situación de hambre sin más paliativos. Y ¿Qué me dicen ustedes de las multitudinarias manifestaciones contra la guerra en Irak, en que participaron hasta las monjas –por lo visto ahora que no manda el PP nuestros soldados en Afganistán están en misión de paz- tan solo comparables en número e importancia a las llevadas a cabo contra el Plan Hidrológico Nacional, es decir contra el trasvase del Ebro? ¿Se acuerdan? Incluso Bush padre nos puso en el mapa al asegurar que “la política norteamericana no podía depender de las manifestaciones de Barcelona?” Todo esto ha pasado río abajo. Ha caído en el más absoluto de los olvidos.
Este verano van a celebrarse los Juegos Olímpicos de Pekín. Los más avispados analistas han establecido un claro paralelismo entre estas olimpiadas y aquellas otras de 1936 que sirvieron como escaparate al régimen nazi de Hitler y que fueron contestadas, precisamente en Barcelona, con la llamada “Olimpiada Popular” que no llego a celebrarse por la sublevación militar y fascista del 18 de Julio. Pues bien, después de que el denostado presidente de la República Francesa, Nicolás Sarkozy, rompiese el fuego e hiciese ver al mundo mundial que los chinos no podían continuar machacando tibetanos como quien hace relleno para empanadillas, el gobierno de Catalunya no ha dicho ni una sola palabra, como la solidaridad con el pueblo saharaui –un tema muy vivo y presente en la sociedad catalana- se ha resuelto por parte del presidente Montilla, en visita oficial a Marruecos diciendo que éste “haga esfuerzos para encontrar una solución a un conflicto de más de tres décadas” Como verán ustedes un argumento de gran presión sobre el régimen aluita.
Del Tibet, una nación ocupada, que el imaginario del nacionalismo catalán debería ser como Catalunya ocupada por España, ni una palabra. Con los chinos y con el potencial económico de su mercado no se juega. Con el líder de los tibetanos, el Dalai Lama, Catalunya juega al escondite. Tenía que venir para el Fòrum de las Culturas y la cosa aquella de la paz, pero los chinos dijeron que nanai y los catalanes nos cuadramos en posición de firmes. Después, pasada la efeméride volvió entre nosotros. A Catalunya no le dejan participar en los Juegos Olímpicos, pero en cambio no dice ni palabra sobre la participación de atletas catalanes, bajo la antorcha olímpica que se paseo por la plaza Plaza de Tiananmen, el mismo escenario en que los tanques acabaron con la vida de estudiantes que reclamaban libertad. Todo esto para el govern de izquierdas del tripartito, ocupados algunos de sus miembros en beber champaña francés y en colocar a las hijas de los consellers a 60.000 euros.
Quizás sí, quizás tenga razón Javier Solana, el hombre que ordenó bombardear Belgrado, donde por cierto y por error, los aviones de la OTAN se cargaron la embajada china, que el boicot sería un error y hasta contraproducente. En 1936 muchos dijeron lo mismo y así nos fue a todos. Pero claro, nada es igual, aunque todo sea lo mismo.
La Vanguardia, 14 de abril de 2008
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Mascarell y el Fòrum
Por aquellas calendas quienes osábamos calificar el Fòrum como de fracaso mayúsculo éramos perfectamente vilipendiados. Hubo quien llego a afirmar que el Fòrum debía “ser un evento difícilmente criticable” El propio alcalde de Barcelona, a la sazón el señor Joan Clos incluso hablo de una conspiración en contra del acontecimiento. El viepresidente del comité ejecutivo, el señor Ferran Mascarell, entonces concejal de cultura del ayuntamiento de Barcelona, más tarde conseller de la Generalitat llegó a afirmar en una entrevista a “El País” el 2 de septiembre del 2003 que “Nosotros estamos en la primera edición de un acontecimiento que estoy seguro será tan importante como las exposiciones universales o los Juegos Olímpicos (…) para hacer un mundo más pacífico, más sostenible y más dotado culturalmente”
¿Saben que dice ahora? Concretamente en su libro “Barcelona y la modernidad” “Una mala concepción de la política echó a perder una buena idea (sic) y privó a la ciudad de la reformulación de su proyecto cultural. Lástima. Fue una ocasión perdida” Y si fue una ocasión perdida ¿porque no dijo nada entonces? Entonces al señor Mascarell señalaba que “Ignoro el motivo por el que los especialistas tienden a dar poca importancia a esa intervención. Yo creo que en la historia de Barcelona hay que poner la demolición de las murallas, la Exposición de 1888, la construcción de la Via Laietana, la Exposición de 1929 y los Juegos Olímpicos para encontrar una transformación equiparable. Lo que ocurre esta vez es que la obra está muy concentrada en la zona que quedó por dibujar en los planos de Ildefons Cerdà. Un lugar que se ha mantenido como ‘no ciudad’ durante un siglo y medio. Recuperar esa área tendrá una gran repercusión para Barcelona y para todo el entorno metropolitano”
Ahora, en cambio, desposeído de los oropeles del poder asegura que “Se podría haber dejado atrás con nota, razonadamente bien, todo lo que suponía concluir por fin la modernidad; podría haberse empezado a construir con sabiduría el proyecto de ciudad futura” Y que eso no sucediese, también fue culpa suya, entre otros muchos.
Quizás porque como puede leerse en un proyecto del ayuntamiento de 1909 “(…) lo más probable es que la empresa de la reforma active la acumulación de capitales. Los especuladores encontrarán en la reforma empleo múltiple para sus audacias (…) los contratistas de obras se dispondrán a canalizar las nuevas vías y a urbanizarlas ya proveerlas de servicios municipales; los propietarios sentirán el acicate de los negocios realizado en la venta y en las compras en que se disputará una buena parte del aumento del precio producido por la reforma”
La Vanguardia, 11 de abril de 2008
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Elocuencia y mutismo médico
No es que yo dude, ni por un instante, de la excelencia profesional de la clase médica catalana reconocida mundialmente. Lo que me sucede es que estoy harto. No estoy harto de los médicos, con los cuales siempre me he entendido perfectamente, aunque eso sí debo reconocerlo, siempre al cabo de un buen rato. Incluso mi mejor amigo –porque parezca mentira que un tipo como yo incluso puede tener amigos- es un prestigioso ginecólogo. Entonces ustedes se preguntaran de ¿qué estoy yo harto? Si por lo visto no tengo queja alguna y he sido tratado con la mayor solvencia profesional e incluso curado. ¿De que se queja entonces? Pues me quejo del auto bombo, de esa necesidad constante de aparecer en los papeles y en los medios de comunicación a explicarnos sus últimas proezas, unas cosas que deben de ser dificilísimas y debe tener unas consecuencias benefactoras para la humanidad que un pobre ignorante como yo solo puede llegar a vislumbrar.
Hace pocos días he leído que se ha efectuado un trasplante intestinal. Eso debe ser una cosa muy importante…sobre todo para el paciente. Yo pobre de mí, pensé que se trataba del primer trasplante de esta índole que se efectuaba en el mundo. Pues, no era el primer trasplante que se efectuaba en el mundo mundial. Entonces será en Europa, me dije para mis adentros. Cual sería mi decepción al saber que no era el primero de Europa. ¿Y España? Tampoco. Era nada más y nada menos que el primer trasplante de esa índole que se realizaba en Catalunya. Estoy seguro que no tardaré mucho en leer el primer trasplante que se reefectúa en la comarca del Anoia o en la calle Balmes. También es noticia que se efectúan implantes de rodilla a medida, En ese mismo hospital los contadores de la luz deben de ser del paleolítico y deben funcionar todavía como aquellos tapones de rosca, porque se les quemó el transformador y tuvieron que sacar los pacientes antes de que se les chamuscaran. Hay por una parte una excelencia médica de la que habla y no se para, y por otra parte la vida misma, con listas interminables de espera y todo el largo etcétera.
El caso es que los médicos quieren estar en “el candelabro”, como los arquitectos hace años, los jueces o los cocineros ahora. Es curioso, sin embargo, que tanta elocuencia médica se torne en denso silencio, por ejemplo, con el caso de las clínicas en donde se practicaban abortos, ahora investigados y de lo cual el Colegio de Médicos no ha dicho ni está boca es mía. En fin que los médicos son, por lo visto, personas muy ocupadas, su tiempo es precioso. Yo, modestamente, rogaría que no nos avasallen con informaciones y consejos, que no nos medicalicen la vida, más de lo estrictamente necesario, y cese de una vez y por todas el bombardeo ese de los tres litros diarios de agua, la hora caminando, el ir a hacer pilates o el efecto placebo de los antidepresivos. De verdad, puedo asegurarles que no tengo ninguna necesidad ser el cadáver más bello del cementerio, me conformo con una cierta relativa calidad de vida, que me permita ir tirando, con mis achaques dentro de unos límites tolerables y sin sufrir demasiado.
Porque a mí me gustan los médicos que no te hacen esperar demasiado, que cambian las revistas de la salita con frecuencia y que en lugar de pasarse todo el rato hablando con el ordenador -¿qué hacían antes de su existencia?- hablan con el paciente aunque solo sea un ratito. Por favor, por lo que más quieran, señoras y señores médicos, dejen de atosigarnos, por tierra, mar y aire. Sino al final van a acabar como los cocineros: hablando por la radio de fútbol”.
La Vanguardia, 31 de marzo de 2008
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Las checas: ¿para cuándo?
“Tenim un déficit historic i un deure pendent” afirmó el Conseller Saura, en el Palau de la Generalitat. Las víctimas de los bombardeos durante la guerra civil española sobre Barcelona fueron primero ocultadas por el franquismo y después, perfectamente ninguneadas por la democracia. Ahora, con motivo del 70 aniversario del famoso bombardeo sobre el cine Coliseum por aviones italianos, que produjo una masacre al coincidir con el paso de un camión cargado con trilita –hecho convenientemente ocultado por la República-, se celebran actos institucionales, se inaugura una interesante exposición, en el vestíbulo de la estación de Universitat, Cuando el refugio era un subsuelo, se editan, libros, se estrenan películas… lástima que el monumento que debería recordar aquella atrocidad, obra de la señora Andreu, delante mismo del cine Coliseum, se asemeje más a una librería metálica por montar de IKEA que a cualquier otra cosa. Poco importa que las supuestas palabras de Churchill en los Comunes (“No quiero menos valorar la severidad del castigo que cae sobre vosotros, pero confío que nuestros ciudadanos sean capaces de resistir tan valerosamente como lo hizo el valiente pueblo de Barcelona”) no quede rastro documental alguno, ni siquiera que “Missi” Vassiltchikow en Los diarios de Berlín 1940-1945) en la entrada del 26 de abril escribiese “Ayer [los aliados] sólo lanzaron dos bombas, pero cada una pesaba 500 kilos”
El terror no conoce banderías. “Barbie [el denominado “Carnicero de Lyon] torturaba a los miembros de la Resistencia, pero éstos hacían otro tanto cuando se apoderaban de un oficial de la GESTAPO. Además la tortura fue usada sistemáticamente, después de 1944 [en donde había enrolados muchos antiguos republicanos españoles], por ejemplo en Argelia, y sin embargo nadie ha sido condenando por esa razón por crímenes contra la humanidad” –escribió Tzvetan Todorov.
Barcelona tiene, también, un “déficit historic i un deure pendent” con las víctimas de las checas. Muchas de ellas lo fueron por el simple hecho de ir a misa o de ser anarquistas. La casuística es variada. Pero victimas de aquel axioma recogido por Miquel Mir en Diario de un pistolera anarquista: “Nuestra obligación es matar y vuestro deber morir”. Que nadie se engañe. No era obra solo de incontrolados. “Los había [incontrolados] en Barcelona, con importante puerto, centro de inmigración……” en la Historia de España que codirige Josep Fontana. Todos los partidos republicanos, amén del temible SIM, contaban con este tipo de establecimientos. No se trata de hacer propaganda franquista, con el jerarca nazi Himmler fotografiándose en la checa de calle San Elías durante su visita a Barcelona. Tenemos una deuda con estas víctimas, tan víctimas como las víctimas de los bombardeos sobre Barcelona. Para que nunca más TV3 se refiera a “Terra Lliure” como una simple “organización armada”. Para eso sirve la historia ¿no?
La Vanguardia, 28 de marzo de 2008.
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Soy el “català emprenyat”
Tras elecciones celebradas, en donde al señora Chacón –sí, sí, la señora Chacón, han leído ustedes bien- como cabeza de lista, obtuvo el mejor resultado conseguido por los socialistas y en vista de que existen dudas sobres su existencia, tal que si fuera el Monstruo de Lago Ness, el Hombre de las Nieves o un fantasma de un castillo escocés, estoy en condiciones de poderles asegurar de que el “català emprenyat” no es el invento ni la ocurrencia de ningún periodista, convencido de que es Josep Pla en el Madrid de la República. El “català emprenyat” soy yo, un servidor de ustedes, para lo que se sirvan mandar, pero no tengo ninguna intención en convertirme en una figura folclórica, en una especie remedo del “caganer”.
Ustedes pensarán que mi enfado proviene del déficit y de las correspondientes balanzas fiscales, del retraso en las obras del AVE, de la OPA de Gas Natural, del déficit de infraestructuras o de la chulería impagable de la señora Magdalena Álvarez, de aquello que dijo el señor Carod Rovira de que se nos mean encima. Pues no, o al menos no sólo por todo ello. Cómo no sólo estoy cabreado por las listas de espera de la sanidad catalana, los barracones escolares, las multas lingüísticas y el Parlament de la señorita Pepis que apruebe que el AVE no pase por el centro de Barcelona y el Govern de Catalunya dice que “turrú viola”.
No estoy “empreñado” por todo, o al menos no lo estoy sólo por ello. Yo fundamentalmente estoy de los nervios con mis conciudadanos, con los catalanes. Porque, vamos a ver, ¿dónde estaban los catalanes que salieron a manifestarse, manifestación multitudinaria por cierto, reclamando no sólo el derecho a decidir sino afirmando que iban a ser decisivos? ¿Dónde estaban los catalanes que iban detrás de la pancarta portada por ilustres momias del pasado como Nuria Feliú, Jaume Sobrequés o Herribert Barrera? ¿Dónde está ahora el señor Joel Joan o el señor Oliver? ¿Dónde han ha ido parar los invasores de piscinas de PJ o los que preconizaban una odisea en el espacio para el 2014? ¿Dónde está el famoso desapego del señor Montilla? ¿Dónde el genocidio catalán como asignatura obligatoria?
Pues los catalanes han hecho lo de siempre. Como decía Josep Pla, los catalanes siempre hacen lo que dice la Guardia Civil, y ahora que no tenemos muchos guardias civiles, los catalanes hemos votado exactamente como lo que somos: catalanes y por tanto e-s-p-a-ñ-o-l-e-s. Casi el 62% de los votos han ido a parar a partidos de estricta obediencia madrileña (PSOE y PP) ¿Saben ustedes por qué? Pues porque se trataba de elegir a quienes tienen que elegir el gobierno de España. Ni bipolarización ni ocho cuartos. Porque de la misma forma que no es legitima la pretensión de sacar a los nacionalistas con una pinza PSOE-PP, tampoco es legítima la exclusión de esos dos partidos. Y frente al argumento impagable de los ataques del PP contra Catalunya. Han sido tan valorado por los catalanes, que les han concedido un diputado más de los que ya tenían.
Espero que a partir de ahora continuarán dándonos la matraca con la independencia de Catalunya –la única fuerza que la solicita, ERC, ha obtenido un ridículo 8% de los votos- y que CiU no hará caso de una puñetera vez al señor Durán i Lleida, una de las cabezas mejor amuebladas de este país- y en lugar de hacerle Ministro de Asuntos Exteriores- continuará haciendo experimentos con gaseosa, porque, por lo visto, lo lógico de un político es sacar los corners en el campo del Barça o cantar cuplés. Que nadie olvide otro dato electoral. Las importaciones de champán francés han aumento ya un veintitantos por cierto. No, por nada.
La Vanguardia, 17 de marzo de 2008.
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El nacionalrománico y Pla
La exposición, aburrida como un matrimonio, que presenta el MNAC bajo el título de “El romànic i la Mediterrània” cumple a rajatabla con los principios del noucentisme. Josep Aragay no fue sólo un afamado artista sino un reputado teórico. En su opúsculo titulado El nacionalisme de l’art encontramos el leiv motiv de la muestra. Escribía Aragay: “falta recobrar de cara al Nord el nostre orgull nacional” que ya “el mostren en encarar-nos al Sud [léase España] de care a les llums soportes de ponent d´on no ens plauen ni el vent ni la gent” El dictamen era atroz: “el nostre aprenentatge d´Europeisme no ha acabat i amaneça no de acabar-se mai més” Se traza ahora un arco, una euroregión artística que va desde la Toscana hasta Catalunya pasando por el Languedoc. Es decir que tenemos servido el cosmpolitismo. Cuando el grueso de las pinturas románicas llego a Barcelona, en las primeras décadas del siglo XX, el escándalo fue considerable: “(…) no són pas gaire fàcils de digerir ni gaire agradables, sinó molt bárbares, es prudi una revuslió sensacional (….) Poca gent les defensava. El bloc general era advers (…) Y sucedió algo que ha perdurado hasta nuestros días “A Barcelona, en canvi, es produí aquesta novetat: tinguérem un museu discutit pel sot fet neixer”
La impresión estaba asegurada. En 1929 Carles Soldevila califica la visita de los frescos como “Un tret segur. Una sensació unica” Aunque “les pintures romàniques tenien un aire obsessionat, Monstruoses, deformes, encarcarades, semblaven viure fora del temps…” Por el románico hizo mucho el excursionismo, los “boy scouts” y las ilustraciones de la “Hoja Diocesana” Todo ello produjo un cierto estilo moderno nacido en la escuela Massana y que acabaría irremisiblemente con la intervención escultórica de Subirachs en la Sagrada Familia.
La exposición del MNAC quiere combatir estos prejuicios y apunta a su acuciante modernidad. Uno de sus comisarios ante una escultura ha exclamado “Parece un Picasso”. Ya lo había dicho Pla: “El museu Románic de Barcelona (…) constitueixen els precedents que Picasso ha més copiosament utilizat” Cosmopolita, moderno y a la vez nacional, antes de que Catalunya existiera como entidad política. Pujol ha marcado las edades de Catalunya clavando la adolescencia del país con el románico, que llegaría a su madurez esplendorosa con el gótico y reviviría con la Reanaixença. El barroco era el arte de la decadencia y apenas quedaban rastros. No en vano Miquel Roca Junynet en un artículo en estas mismas páginas tildaba la prosa de Aleix Vidal Cuadras como barroca. Es un intento más por cerrar el círculo que empezó con el Pantocrátor de Tahüll y debería haberse acabado con el famoso calcetín de Tàpies. Un alfa y un omega. Ahora en el restaurante del MNAC –donde se come fatal- lucen dos Tàpies. Pla también lo dijo: “Barcelona llavors era una ciutat rica, plena de comodidats, molt afrancesada, molt donada a la facilitat, a la lleugueresa i a la frivolitat”.
La Vanguardia, 14 de marzo de 2008
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Soy un viejo
Me permito la libertad, que espero sepan disculparme, de comunicarles que el pasado martes, día 4 de marzo, aproximadamente a lasdiecisiete horas, -minuto arriba, minuto abajo- según el meridiano de Greenwich, tuve la certeza absoluta de que ya era un viejo, la constatación empírica e irremisible de ello. No se trata de que las fuerzas ya empiezan a flaquear; que no hemos dejado el “gin tónic” sino que el “gin tónic” nos ha dejado a nosotros; ni que hayamos perdido mucho en las distancias cortas; ni siquiera que, por razones puramente cronológicas, uno sea consciente de que hace ya un rato que ha cruzado el cambio de rasante biológico.
Ha sido algo que no guarda relación alguna con las condiciones físicas, ni siquiera con el estado de ánimo. Diría –si me permite la
licencia un tanto cursi- que ha sido sentimiento, una sensación irrefrenable. Con la misma precisión que llegará, Dios mediante la primavera a mí me ha llegado la vejez, sin paliativos de la “tercera edad” ni siquiera de la “gente mayor”, sin eufemismo: yo ya soy un viejo. Y usted quizás se
preguntaran que me ha llevado ha semejante conclusión. Muy fácil, ese día y a esa hora yo estaba a punto de cortarme el pelo, o mejor dicho lo que queda de él, en una prestigiosa peluquería a la que he acudido ininterrumpidamente los últimos veinticinco años de mi vida. Pues bien cuando estaba perfectamente acomodado para iniciar el servicio contemple a través del espejo como una señorita abría una puerta al otro lado del pasillo, se trata de una de esas puertas batientes, que van y vienen. Pues bien, la referida señorita para acceder a través de ella, no tuvo otra ocurrencia que propulsarle un magnífico golpe con los glúteos, haciendo gala de un inmejorable juego de cintura. Podía haber usado las manos que mantenía perfectamente libres, pero aquella damisela en cuestión decidió utilizar la parte inferior de su cuerpo, provocando con dicho movimiento un golpe seco.
Tras unos breves instantes de perplejidad, no pude por menos que lanzar una mueca de desaprobación, de rechazo. Fue algo íntimo, que me salio de dentro, un acto de rebeldía.
Era evidente que ya era un viejo. Este mundo, el mundo actual, en donde su puede abrir una puerta con el culo, no es mi mundo. Me he
convertido en un gruñón, en un cascarrabias o en ambas cosas a la vez que se queja por todo. Soy pues un anacronismo con patas que pretenden que no le tuteen sin su consentimiento, que si le roban –dos veces- el reloj en un no menos prestigioso gimnasio alguien tenga la amabilidad –si no es mucho pedir- de tener algún tipo de detalle, no de comprarle otro igual, sino que el propietario presente en persona sus excusas- que si pido la carne poco hecha no me la den incinerada, que si acudo a un establecimiento alguien me atienda y no me vuelva de repente invisible o que si el taxista dice que no lleva cambio, realmente no lleve cambio y no le asomen los billetes de veinte euros por la guantera ni ponga la radio a toda leche, ni que la gente se ponga a gritar cuando habla por el móvil, que se pueda caminar por las aceras sin peligro de ser atropellado por una moto o que me toque un timbrecito el ciclista que va en sentido contrario….¿Para qué seguir? La lista sería interminable.
Es decir que no soporto este mundo en donde por lo visto se han perdido no unas formas y maneras, sino cualquiera de ella y la falta de educación –no la mala educación- es moneda corriente. Este ya no es mi mundo.
Así que cuando uno ya no pertenece al presente y sólo se reconoce el pasado quiere decir que se ha convertido en lo que soy, un viejo que
todavía cree a carta cabal lo que me enseñaron de pequeñito y otras zarandajas parecidas. Quizás ya ha llegado el momento de pensar en jubilarse y dejar de decir más tonterías.
La Vanguardia, 11 de marzo de 2008
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Victori en Marfil
El señor Josep Victori y un servidor hemos disgustado sendos “drys” en el recién abierto bar Marfil. Cuando en esta ciudad todo pasa río abajo, cuando nada tiene continuidad y siempre es un agotador volver a empezar, el eterno tejer y destejer de Penélope, cuando la piqueta se ha llevado por delante la memoria –la última amenaza se cierne ahora sobre “Boadas”- es gratificante comprobar como gracias a la sensibilidad de la familia Soldevila –la del hotel Majestic- ha recuperado el nombre Marfil para el bar del nuevo Hotel Murmuri, para todos nosotros y para la ciudad, exactamente en donde estaba uno de los establecimientos más míticos y emblemáticos de Barcelona. Fue precisamente en aquel Marfil cerrado definitivamente en 1977, en dónde el señor Victori ejerció detrás de lo que él denomina “la universidad de la barra” como barman desde 1946, con dieciséis años, hasta el 1966, nada menos que veinte años. Después abrió el añorado Victori Bar, precisamente en lo que era el almacén de Marfil, hasta su jubilación. Ahora Luca Izzo, un italiano del norte, del equipo que comanda el barman Mateo en el Majestic ha tomado el relevo tras más treinta años de paréntesis apuntando buenas maneras. El actual Marfil ostenta una decoración glamorosa y una seductora imagen grafica. Allá Victori ha ido desgranado el rosario de su impagable anécdota del establecimiento que reunió a la crême de la crême de la sociedad barcelonesa. El salón de té al que se accedía por Rambla Catalunya y el bar al que se ingresaba por el pasaje de la Concepción. Ambos espacios estaban separados por unas puertas batientes. Y mientras la señora degustaba en el salón con las amigas, el marido se encontraba en el bar entre los suyos… con el mutuo conocimiento. En el bar, donde Victori negó el servicio al hermano de Franco por no ir con corbata, o dónde sirvió por error alcohol de quemar en lugar de ginebra a dos clientes, uno protesto y otro se bebió media copa sin rechistar, o donde un aprendiz de bebedor se quejaba del exceso de vermouth cuando Victori solo le suministraba ginebra pura en el “dry” acudían unas damas, algunas pupilas de la mítica Virginia, la alcahueta por excelencia de la posguerra barcelonesa, salidas como modelos de las firmas de alta costura que merodeaban por los alrededores, a las que un antiguo cliente definió con poética exactitud como: “Venus tarifadas” . Todo claro está con la absoluta discreción necesaria. Marfil no era un bar de alterne sino de señoritas que fumaban y caballeros que leían libros buenos.
El Marfil de ahora es un bar de hotel, un rompeolas en donde van a chocar los visitantes ocasionales con los barceloneses-barceloneses. Parece que el bar gusta, que tiene éxito y que ni decir tiene la expectación que ha levantado entre los más longevos del barrio y algunos transeúntes que aún recuerdan aquel Marfil de antaño. Tan ligado a la historia de la ciudad como pudiera estarlo la Sagrada Familia pongo por caso. Todo –al fin y al cabo- son “capillas” aunque, eso sí, de distinto signo.
La Vanguardia, 7 de marzo de 2008.
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Matarile, matarile…
Si el hundimiento del Carmel representó un antes y un después, con su 3% incluido, y lo noticiable en manos del Govern, marco indefectiblemente un tempo, la actual campaña electoral ha cerrado el paréntesis, porque nada absolutamente nada puede continuar igual, al menos no puede continuar igual en el periodismo catalán. Porque vamos a ver ¿cómo es posible que los periodistas de TV3 lleven desde tiempo inmemorial –es decir desde que manda el Tripartito, antes no por supuesto- dándonos la matraca, la paliza y la empanada a los ciudadanos con los dichosos espacios electorales y hayan sido incapaces absolutamente incapaces de arbitrar ni un sola medida de presión eficaz para ejercer de una vez no su derecho, sino su obligación a la información y acabar con lo que Cuní ha calificado como “estado de excepción”? Señoras y señores míos, por favor, dejen ya de llorar, porque empiezan a dar un poquito –solo un poquito- de pena.
¿Cómo es posible que mientras se produce un debate entre los dos principales candidatos a presidir una cosa llamada el gobierno de España –que por cierto decide entre otras menudencias el dinero que se invierte en Cataluña- por si alguien no lo sabía- TV3, la nostra, opta por largarnos un capítulo más del apasionante culebrón titulado, para mayor escarnio, Zoo. Una radiografía perfecta de la Cataluña actual ¿Dónde están los periodistas, matarile, matarile?
¿Dónde están los periodistas para protestar por un debate presidido por el señor Vidal Campos, que parece salido de un guardarropía de atrezzo, cuya principal misión fue felicitarse por lo bien que lo hacía? Donde todo estaba absolutamente pactado, amañado y acordado. Allí el periodista hacia el brillante papel de un personaje del guiñol. ¿Cómo es posible que a un candidato que sufre una operación de cáncer de pulmón se le califique de nena y no pase absolutamente nada? ¿Ustedes se imaginan si lo dice un periodista de Madrid de un candidato de Barcelona? La marimorena es poco, aquí no ha pasado absolutamente nada ¿Para qué?
El periodismo catalán no puede continuar ir sacando pecho porque en Madrid si que son malos y ellos resultan ser los buenos de la película. Siento comunicarles que Federico Jiménez Losantos no sirve como estampita, como un detente bala que lucía los soldados franquistas en el pecho en forma de imagen de Sagrado Corazón con lo cual, por lo visto, estaban ha salvo de caer abatidos por el fuego enemigo. Ya no valen excusas, en estos momentos la credibilidad está por los suelos. Algunos periodistas se han convertido en la simple correa de transmisión de los partidos, son la voz de su amo y así se pueden hacer muchas cosas, pero desde luego no se sirve ni a los lectores, ni a los oyentes ni a los espectadores.
Me permito la libertad de pedir, de rogar, un reflexión a los profesionales porque el ruido no tape al trabajo, porque la crítica política no se reduzca a las imitaciones pueblerinas ni a los chistes de los cómicos, porque el anecdotario vacuo no sustituya a la categoría, porque los modos y maneras de la telebasura no acaben por impregnarlo todo, porque la información y la opinión no dejen paso irremediablemente al espectáculo de las estrellitas mediáticas, porque callar siempre acaba por callarnos para siempre. ¿Dónde están los periodistas en esta campaña electoral? Espero y deseo de todo corazón que el debate de los candidatos catalanes, moderados por el señor Cuní en TV3, que se producirá después de es haber escribir estas líneas, me desmienta y permita decir aquella frase emblemática: “Buenas noches y buena suerte”.
La Vanguardia, 3 de marzo de 2008.
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Las miradas de Barcelona
El filósofo Rafael Argullol comentaba, entre risa y veras, con ojos pícaros y un esbozo de media sonrisa lo que él denominaba como “mirada oblicua”. Definida como una situación forzada, en que el transeúnte se encontraba por la ciudad con individuos que rehuian el saludo de forma dubitativas. No sabían, en definitiva si saludar o no saludar, se les veía efectuar cálculos mentales sobre los beneficios y los peligros de ambas actitudes, sumando y restando, hasta que finalmente se decidían por una solución intermedia, mirando de soslayo, sin saludar abiertamente pero sin dejarlo de hacerlo de todo, con una mueca apenas perceptible pero que podía ser interpretada como una especie de intento de conato de saludo. A ello Argullol, con agudeza calificaba como la “mirada oblicua” Pero siendo frecuente, no es como mucho la única con uno puede toparse.
Hay una mirada fija, que desea cerciorarse de lo que esta viendo es en realidad lo que cree estar viendo. Los ojos te repasan de arriba abajo, en un examen pormenorizado, momento en que a los caballeros no entra una extraña sensación de pánico, no fuera o fuese que llevásemos sin prender convenientemente un artilugio colocado en la entrepierna del pantalón. Cerciorados de que efectivamente toda esta en orden, vemos con aquella primera mirada indagatoria o exploratoria –como si uno tuviera monos pintados en la cara- va tornándose por momentos reprobatorios, condenatorios. Estamos sin duda ante una mirada de carácter moral. Se trata claro está de una violación de nuestra privacidad, pero eso al espectador le trae el fresco
Los motivos que pueden haber despertado su interés y más tarde su juicio suelen ser variopintos. En mi caso concreto he sufrido las consecuencias de llevar unas gafas de color rojo –cuando nadie las usaba- de portar tirantes, de besarme en público, de lucir bermudas en verano, de llevar boina o un fular al cuello. Es decir, de no aparecer exactamente tal cual –parece ser- debería ser mi imagen, precisamente a imagen y semejanza de mi atento observador. En algunos casos mantengo firmemente la mirada contra la otra mirada hasta que esta se bate en franca retirada y en otros casos –los menos- no puede resistir la tentación de preguntarle de viva voz al interesado que demonios está mirando. Ante mi sorpresa el increpado nunca reconoce estar mirando nada y se va escandalizado.
Las miradas de Barcelona son una cosa tremenda. Uno puede entrar en cualquier establecimiento y ser convenientemente repasado por los clientes asiduos, creyéndose los verdaderos propietarios, ante la presencia inconveniente de un intruso que viene a alterar el orden imperturbable de lo que allá acontece. En más de una ocasión me he dirigido a la concurrencia asegurándoles que pensaba satisfacer la consumición que iba a efectuar, si es que contaba con su beneplácito.
Las miradas de Barcelona, son murallas interiores, un encorsetamiento de que todo el mundo se conoce y que o eres uno de los míos, o te convertiré en invisible para siempre. ¡Qué más querría yo!
La Vanguardia, 29 de febrero de 2008
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¡Salud!
Debo confesarles, no sin una cierta prevención, que de un tiempo a esta parte, se han vuelto cada vez más frecuentes los interlocutores o los corresponsales que, en el momento de la despedida me han despachado al grito de “¡Salud!” no sin provocarme una cierta perplejidad “¿Salud?” ¿Por qué no “suerte”, “felicidad” o “amor”? Salud es un exclamación que a mi siempre me ha parecido antipática, abrupta y un tanto violenta, me provoca “mal rollo” que se dice ahora. Podría explicarse diciendo que quizás la salud sea el bien más preciado, sobre toco cuando desgraciadamente carecemos de ella. Así que al principio creí –perdido en mi buena fe- entendí que querían mostrar su interés por mi salud dado que los mismos, exactamente los mismos que me decían “Uy que asco haces con esa barriga” son los que ahora tras haberme adelgazado afirmar “Uy que asco haces tan flaco, ¿no estarás enfermo?” Pronto entendí, pues, que la locución no guardaba el más mínimo interés por mi estado físico, es decir por mi salud, aunque no faltaba quien completaba la salutación añadiendo “força” y así quedaba en “salut i força” Cuando uno ya ha doblado con creces el cabo del medio siglo e inicia la singladura irreversible hacia la decrepitud, toda invocación es poca, máxime ahora que andamos irremisiblemente hacia la primavera, una época en que me torno enamoradizo, debe ser por polen, y mis neuronas adoptan la misma textura que las acelgas.
En fin que yo solo recordaba un “salut i força al canut” que la verdad sea dicha no se si era una canción de la Trinca, un fragmento de alguna obra de Pitarra, una escena de una película catalana llamada “L´Orgia” o la frase predilecta de mi abuelo, que era un aragonés muy salado. Pero parece que este no es el caso. “Salud” en su versión castellana, “salut” en la catalana van abriéndose paso. Aunque esta última tiene más abolengo. Según el Diccionari de la Llengua Catalana del IEC, en su página 1504 recoge una acepción de “salud” como “Salutacións. Retre les saluts a algú” El caso es que en castellano yo tan solo me había limitado a beber a “la salud” de alguien a lo hora de hacer un brindis y poco más.
El término se va extendiendo, imparable, convertido en una muletilla en que apoyarnos, como el “vale” verdadero comodín cuya principal misión es dejar al otro interlocutor sin argumentos y dar la conversación por concluida. Un “vale” como respuesta da cumplida cuenta de nuestra riqueza lingüística y en todo lo demás “Salud” es, pues, un término en auge, tiene connotaciones laicas al sustituir al tradicional “adiós” ahora que los señores obispos parecen haberse querer echarse al monte. Posee además un alo republicano, es como quemar los foto del Rey sin encender un fósforo, tien algo de clandestino y al mismo tiempo de cívico Un ¡salud ¡ dicho con el tempo preciso debe ser una cosa que impresione mucho a las jovencitas de hoy en día, para quienes la Guerra Civil es el nombre un alter hours. A mi el “salud” me parece acorde con los tiempos actuales, en donde ha triunfado el tuteo y el besuqueo indiscriminado entre los sexos y los sexos entre ellos, es decir el triunfo de los totalitarismo antagónicos de los camaradas falangistas y comunistas, una cosa sencillamente impensable que Hitler y Stalin podrían hermanarse de esta forma. Hemos rescatado el saludo de las barricadas y el “salud” aparece al final de la carta en donde antes constaba “Ruego disculpe las molestias que pueda causarle la presente. Se despide atentamente de usted….”
Así que a mí solo me resta pera ser verdaderamente postmoderno es concluir estas líneas diciendo salud, camaradas lectores. Ya me sabrán perdonar, pero son los tiempos actuales. Y esto es lo que hay.
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Las costumbres españolas
Una reciente encuesta ponía de manifiesto que el 56% de los encuestados consideran que los inmigrantes deberían “respetar las costumbres españolas”. Debo confesarle que tal idea sobrecogió mi ánimo porque si el Mohamed y la Fatima de turno, si el Wilson y la Yolanda respectivos tienen que “respetar” como se tirar a una cabra desde un campanario –ahora como medida paliativa los bomberos colocan debajo una lona para recoger al pobre animal, tras su bautizó en el aire- para celebrar así la fiesta del santo patrón de la localidad o tienen que “respetar” que el personal se azote la espalda desnuda hasta ver corretear unos hilillos de sangre con motivo del Viernes Santo, la verdad es que yo semejantes costumbres, por citar solo un par de ejemplos, me parecen una completa insensatez –por no decir algo mucho peor- como prenderle fuego a los cuernos de un toro o liarse en una batalla campal a tomatazo limpio.
Quizás la cosa no sea tan cruenta y lo que se pretende es que se “integren”, una cosa que me hace mucha gracia porque ellos tienen que integrarse y nosotros, los que hemos tenido la suerte de nacer en sueño español o catalán tan solo debemos cumplir las leyes, la integración, como el valor de los soldados en la guerra, se nos supone. Por cierto que algunos de ellos se integran tan bien, tan perfectamente que son capaces de ir a morir al Líbano y Afganistán por España y por “sus costumbres” una de la más recientes es la de participar en misiones supuestamente humanitarias.
O quizás simplemente consista en que dejen los paquistaníes del Raval de contemplar los partidos de cricket –juego jodido que solo lo entienden ellos y los hijos de la Pérfida Albión- para que pasen directamente a aburrirse con las peripecias del Barça de Laporta una de las cosas más sosas pueden presenciarse en el hemisferio norte. ¿Quiere alguien explicarme y explicarnos en que consisten las “costumbres españolas”? ¿Acaso en asesinar a la ex pareja? , en ¿matar a los propios hijos? , en ¿abandonar a nuestros mayores?, o consumir las setenta mi dosis diarias de cocaína que se consumen diariamente en la área metropolitana de Barcelona? ¿O esas no son “costumbres españolas? el Hay que tener los higadillos a prueba de bomba para hablar de “costumbres españolas” Habrá que confeccionar un catálogo pormenorizado de las mismas. Ahora que el Gobierno ya ha tallado a las mujeres españolas –a los hombres españoles que nos las den todas en el mismo lado- y clasificado a las ciudadanas en “diábolo, cilindro y campana”, -en una verdadera hemorragia de imaginación y de cursilería que sin duda alguna no se le hubiera ocurrida ni a doña Pilar Primo de la Rivera, Fundadora de la Sección Femenina- tampoco es que tenga mucho ni muchas ganas de hacerlo podría dedicarse a establecer el catálogo de las “costumbres españolas” El ayuntamiento de Marbella podría servir como ejemplo o la “operación puerto” del ayuntamiento madrileño, o Mario Conde, doctro honoris causa por la Universidad de Madrid, o Javier de al Rosa empresario modelito según el president Pujol, o el juez Estevill o el abogado Pique. Todos ellos forman parte intrínsicamente de las “costumbres españolas” junto con el 3% que por lo visto los inmigrantes deben de aprender deprisa y corriendo mientras abren la cuenta en “la Caixa”, se hacen de Barça y a sus hijos les llaman Montse y Nuria. Ya solo faltan que el PP prohíba lucir el tradicional “cachirulo” en Zaragoza por las fiestas de Pilar por extraña semejanza con el velo islámico.
Hubo en tiempo, tampoco demasiado remoto, en que algunos nos creímos a pies juntillas a James Bond, porque en algo hay que creer cuando afirmó rotundamente “Vive, y deja vivir” Parece que fuera hace una eternidad.
La Vanguardia, 18 de febrero de 2008
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Cien años del Palau
Con la algarabía y prosopopeya propia del caso, se han celebrado los primeros cien años de vida del Palau de la Música Catalana. El éxito de público en la llamada jornada de puertas abiertas fue total. El autor de la reforma y ampliación inaugurada para la ocasión, el señor Oscar Tusquets ha tenido la amabilidad de comunicarnos que con ella se hace “realidad el sueño de Lluís Doménech i Montaner”. Dejando aparte que desconozco las capacidades extrasensoriales del señor Tusquets para comunicarse con el más alla y conocer así los sueños del señor Doménech, me parece que los anhelos del referido señor iban mucho más a ras de suelo. A la Junta que edificaba el Palau Doménech les dedicó perlas escritas como esta: “Saludo a todos los miembros del Comité, siento no poder estar ahí para discutir con ustedes” o “Si creen que los contratistas tienen tanta prisa por cobrar, la mía es aún mayor”. Como puede comprobarse fácilmente, los “sueños” del arquitecto modernista eran más bien prosaicos. Harto de que no le pagaran, ni siquiera asistió a la inauguración que tanto se ha comentado. Las cosas ya entonces se hacían perfectamente a la catalana, como se continúan haciendo ahora.
El señor Cabot, presidente del Orfeo efectuó un encendido discurso en el cual dijo, entre otras cosas de mucho calado, invitando a “los dubitativos (…) si no a los pesimistas [a] venir, abrir los ojos, extender las manos, ver y tocar lo que no fuiste capaces de soñar”. Que no está nada mal como slogan publicitario, para lo que se ha convertido en un elemento más, como un nuevo modelo de noria gigante, en una tracción de ese parque temático en que se ha erigido Barcelona.
Josep Pla explicaba la longevidad del Palau en su Cuadern gris diciendo: “Ahir, al Palau de la Música Catalana” (…) El local es horrible, indescriptiblement desgraciat. Davant del frenètic panorama de guix i de majòlica m´és imposible concentrar-me (…) ¿Com és posible que el local d´una de les poques coses que podem pressentar sigui tan sinistre? (…) ¿Serà veritat que les coses d´aquest país que no es mouen en un punt de mal gust tenen indefectiblement una vida migrada?”. Quizás tuviese razón Pla y la supervivencia del Palau se explique de esa forma.
En cualquier caso espero y deseo vivamente que el señor Oscar Tusquets no sólo interprete los sueños de los muertos sino también las necesidades, por elementales que sean, de sus contemporáneos. Y los asistentes a conciertos al Palau, no pasemos los apuros que pasamos ante la acuciante falta de instalaciones para llevar a cabo nuestras necesarias más perentorias, en unas dimensiones liliputienses, propias de evacuatorio patera. Las colas que se forman en los lavabos de las señoras son propias de la época del racionamiento. Quizás Doménech i Montaner nunca lo hubiera soñado, pero yo muchas veces sí. Más lavabos, por favor.
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Política montserratina
El señor abad de Montserrat ha tenido la amabilidad de comunicarnos, a través de un homilía televisada, que no estaba de acuerdo con la posición de la Conferencia Episcopal Española recogida en el documento Ante las elecciones generales 2008 según la cual los católicos no podían dar su voto aquellas formaciones políticas dispuestas a dialogar con el ETA. Completamente de acuerdo con el señor abad. Se trataba de una oportuna –y oportunista- toma de posición de la jerarquía de la Iglesia Católica -¡Por Dios que nadie la confunda con la Iglesia, porque es como confundir la junta de Laporta con el Barça!- que es exactamente lo mismo que ha practicado siempre Montserrat hasta el momento presente.
Montserrat ha estado siempre en política. Desde recibir mandatarios del régimen nazi a entronizar al Generalísimo Franco bajo palio, desde las declaraciones del controvertido abad Escarré hasta los encierros multitudinarios en las postrimerías del franquismo. ¿Qué esta política nos es más grata que la llevada a cabo actualmente por los obispos españoles, incluidos los catalanes? Perfectamente, pero no por ello deja de ser politica, tan partidista como la de los prelados españoles. Quienes por cierto jugaron un papel –y nada menor- durante la transición española o si no piénsese solo un instante en el papel llevado por Monseñor Tarrancón y a quienes los últras deseaban ver en el paredón.
Y si bajo la dictadura franquista podía tener algún sentido que Convergencia se fundara precisamente en Montserrat, la montaña sagrada de los catalanes, en dónde se casó Pujol a mí la verdad es que me cuesta más entender porque el ex abad de Monserrat apareció junto a Carod Rovira en rueda de prensa cuando éste explicó –o así- su entrevista con ETA en Perpignan o porqué el actual abad recibió a dos candidatos a la presidencia de la Generalitat, al señor Mas y al señor Montilla. ¿Acaso eso no es hacer política?
¿No es hacer política que el señor Rajoy aparezca en un templo dedicado al culto, Santa María del Mar, en plena campaña pre-electoral o qué la señora ministra Chacón visite precisamente ahora Poblet y desencalle el tema de la hospedería? ¿Me quieren explicar en que país del mundo civilizado los papeles de uno de sus presidentes –el president Tarradellas- están depositados en un monasterio –en este caso Poblet- y no en el Arxiu Nacional de Catalunya? ¿Esto no es hacer también política? ¡Cómo para que después nos quejemos de que los papeles de Franco estén depositados en una fundación privada que lleva su nombre? Son dos formas de hacer política: a algunos una nos puede gustar más y otra nos puede gustar poco o nada.
Es curioso que para algunos, los mismos que celebraron el aniversario de la creación de Convergencia en Santa Maria del Mar, se supone que con el permiso de la correspondiente jerarquía eclesiástica, el laicismo, la separación de la religión con el estado solo se haga referencia cuando se habla y trata del Islam. ¿Qué diríamos de un candidato en un país musulmán que se fotografía con el imán más venerado del país? Así pues quien este libre de culpa, que tire la primera piedra.
Lo peor de todo es que puedo asegurarles que las últimas veces que he estado tanto en Montserrat como en Poblet solo he oído hablar de dinero. Del dinero necesario para mantener todo aquello, convertido no en centros de espiritualidad sino en simples atractivos turísticos a los que los políticos acuden, cuando la ocasión lo requiere, como moscas a un panal de rica miel. Parecía una escena extraía de alguna obra de malvado Boadella. Y todo ello lo digo y lo firmo, por si hubiera o hubiese alguna duda, desde el dolor que siento como católico y como creyente.
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Calidad de vida
Según parece todos los indicadores tienden a señalar que Barcelona es considerada la primera ciudad europea por su “calidad de vida” Otros factores como por ejemplo que Barcelona haya pasado de ser la ciudad número 53 en el ranking mundial de las ciudades más caras a ser la número 31, parece que no influyen para nada en esa sensación de poseer una envidiable “calidad de vida” Aún es más para nuestras autoridades se trata del precio “necesario” que hay que pagar por tanto éxito. Es decir que ni el hundimiento de un túnel ni el desalojo de medio barrio, ni las acusaciones de corrupción, ni poseer un aeropuerto de menterijillas, ni los atascos, ni la suciedad, ni el incivismo, ni la amenaza del terrorismo islámico, ni el apagón, ni el déficit de infraestructuras, ni las obras eternas del AVE, ni el AVE mismo perforando la ciudad, ni la acuciante falta de viviendas….nada absolutamente nada parece alterar nuestra “calidad de vida” que según el diccionario de Real Academia de la Lengua Española es: el “conjunto de condiciones que contribuyen a hacer agradable y valiosa la vida” ¿Agradable y valiosa la vida en Barcelona? Pues, por lo visto, muchísimo so pena, cosa harto improbable, de que los barceloneses seamos unos masoquistas recalcitrantes.
El caso es que estamos encantados. Barcelona es una ciudad “agradable” desde tiempo inmemorial. Pedro de Medina en 1595 ya señalaba que los barceloneses “Es casi toda la gente deste (sic) pueblo jovial, y muy alegre y de mucha afabilidad” Somos por lo visto unas castañuelas que guarda poca o nula relación con las semblantes sombríos y malcarados que tanto abundan hoy en día en esta ciudad. Pero incluso el denostado Federico Jimenez Losantos escribe refiriéndose a la Barcelona que conoció en los años 70 “Lo que hace a una ciudad y lo que una ciudad nos hace no reside en el trazado de sus calles, las lenguas que en ellas oímos. La manera de vestir la moda, el ritmo de la gente al andar, sus infinitos signos, monumentos y piedras caedizas; ni siquiera esos arrabales donde la ciudad ya no existe y, sin embargo está. Una ciudad es el espíritu que en un determinado momento la anima” ¿Y que espíritu nos puede animar ahora? ¿El de la “mitllor botiga del món”? o ¿el de querer emular a Lloret de Mar? ¿El señor Hereu o su recambio el señor Trías lideran nuestro “actual espíritu”? El veterano Carles Sentis me dijo en cierta inolvidable ocasión que los catalanes somos muy sensuales, nos gustan mucho las mujeres y por esos vivimos tan bien. Es una explicación plausible. El caso es que Jimenez Losantos recuerda que instalado en Barcelona empezó a “llover y no paró hasta el mes de mayo” Ya es mala suerte ¡Con la falta que nos haría esa agua para nuestra “calidad de vida”! Ni agua tenemos.
La Vanguardia, 8 de febrero de 2008
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La “chuleta”
A la señora Chacón, ministra ella de la Vivienda en el gobierno de España, le han pillado –llamando las cosas por su nombre y sin recurrir a los eufemismos- haciendo trampas, pónganse como se pongan. Naturalmente, el acontecimiento ha producido entre el respetable el jolgorio y regocijo consiguiente, una verdadera alegría. La abundante tropa de cómicos nacionales ha tenido carnaza para días. A todo el mundo le ha parecido muy divertido, pero a mí no. Todo lo contrario, me ha provocado una considerable indignación como ciudadano. La señora Chacón fue cogida por las cámaras de televisión “in fragantti” con una “chuleta” escrita en la mano. Dijo “ui, aixó és que jo soc molt xuletera. Sempre porto llibretes i quan no les porto no vull oblidar coses”. A la señora Mónica Terribas, sagaz entrevistadora, le faltó tiempo para decirle que el señor Puigcercós hacía lo mismo, con lo cual dejo a la clase política catalana colocada exactamente a la altura del betún y con las posaderas al aire, a los pies de los caballos. En tiempos de la II República los oradores subían a pecho descubierto a la tribuna de las Cortes, no se podían leer papeles, pero claro, estos de ahora ni son Azaña ni Ortega y Gasset, pongo por caso y se emborronan la mano en un acto pueril que refleja bien a las claras el nivelazo del país. El círculo de excelencia que nos rodea. ¿Ustedes se imaginan a la señora Merkel, cancillera alemana, o al señor Sarkozy presidente de Francia acudiendo a un plato de televisión con la mano llena de garabatos? ¿Ustedes se imaginan a cualquier ministro europeo de semejante guisa? ¿Verdad que no? Pues eso.
La utilización de la “chuleta” es una prueba evidente de cómo se entiende la política en Cataluña. El todo vale. Yo utilizaba las “chuletas” durante el bachillerato y lo hacía fatal. Lo hacía tan mal que en el exámen de Preuniversitario copié el examen de una novia que tenía y a ella le pusieron un 9 y a mí un cinco pelado. Ni copiar sabía. Nuestros políticos son unos aficionados, que se creen que están en política como quien está haciendo una travesura y pueden ir a una entrevista televisiva sin saberse de memoria ni cuatro ideas ni un par de datos, sin saber qué decir. Pero claro, cuando la BBC, no TV3, la nostra, le preguntó a la ministra Chacón por el final de la “burbuja inmobiliaria” española, la señora ministra mandó acabar la entrevista en aquel preciso instante. Aquel día por lo visto, la señora ministra, no llevaba la chuleta puesta.
Nos quejamos del nivel de la enseñanza en Cataluña, en las postreras posiciones de Europa, de que nuestros estudiantes no saben redactar o comprender un texto, cuando hay una ministra que necesita la “chuleta” para acudir a una entrevista. Desgraciadamente no hay un informe Pisa sobre nuestra clase política, porque el espectáculo deparado fue sencillamente de vergüenza ajena nada más y nada menos que por la cabeza de lista por Barcelona del partido que gobierna en España y en Cataluña. ¿Por qué pedimos a nuestros estudiantes que hagan el esfuerzo que no hace un miembro del gobierno? ¿Qué fuerza moral tenemos para ello? Y sobre todo ¿qué orden de valores está trasmitiendo la señora Chacón? ¿Qué le esta diciendo a la audiencia? ¿Estará permitido a partir de ahora acudir a las pruebas de selectividad o a los exámenes de la universidad con chuletas? Por lo visto es completamente lícito hacer trampas, igual que las hacía yo durante el bachillerato cuando era un chiquillo.
La verdad es que no sé si es peor el 3% o esta muestra de absoluta mediocridad.
La Vanguardia, 4 de febrero de 2008
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El craquelado catalán
Craquelar es según el diccionario producir una serie de fisuras en la superficie de algo. La pintura de los cuadros, por ejemplo, se craquelea con el paso del tiempo, los barnices envejecen y van separándose en minúsculas porciones, los unos de los otros, formando en ocasiones caprichosas composiciones que recuerdan a una tela de araña. En cierto sentido a la sociedad catalana le está sucediendo algo parecido, se están separando unos elementos de los otros.
Los médicos se quejan de la imagen que dan de su profesión las series de televisión; los sindicatos de los maestros protestan del informe de una fundación privada, porque según ellos los desprestigian. Son ejemplos recientes, pero la lista podría continuar. Hay un cierto sentimiento de pertenecer a una casta, a un compartimiento estanco, cerrado a cal y canto sobre si mismo que no quiere saber poco ni mucho del compartimiento estanco que tiene justo al lado. No sé que opinarán los reputados sociólogos que tiene las páginas de La Vanguardia ni los sesudos analistas, pero yo tengo la extraña sensación de que la sociedad catalana se está replegando sobre si misma, que ya no nos miramos el ombligo, como se dice popularmente, sino simplemente que solo tenemos ojos para nosotros mismos. Es como si el efecto de las casas adosadas -pegados, pero separados, nunca juntos y menos revueltos- se fuera extendiendo. Cada uno tira por su lado. Primero fue el llamado fenómeno “no en el patio de mi casa” por el al nadie quiere cerca de su hogar algún equipamiento que crea pueda molestarle ya sea una comisaría de policía o un tanatorio, pero todo el mundo reclama más seguridad y encima quiere que lo entierren o lo incineren cuando llegue el momento.
Hay pues una ruptura, una fragmentación y cada cual va a la suya. Se van cortando los vínculos, cayendo los puentes, destruyendo las complicidades. Cada cual va por su lado los autobuseros por el suyo, los vecinos de una narco sala por otro y así hasta el infinito. La escalada es creciente y ya nadie depara en nada ni en nadie. SI hay que invadir una pista de aeropuerto y dejar sin vacaciones a una multitud se hace y aquí paz y después gloria.
De la nación estamos pasando aceleradamente a una especie de reinos de taifas. El gremialismo rancio, el corporativismo están en plena vigencia. Las instituciones –por ejemplo las universidades- han sido tomadas y los felices poseedores de una plaza defienden con uñas y dientes privilegios absurdos y estatus medievales. Hoy más que nunca Cataluña parece una mayonesa cortada, en que están todos los elementos, pero ninguna liga para formar un conjunto. Estamos en plena cohabitación, no llegamos siquiera a la coexistencia porque nos toleramos mal los unos a los otros.
Parece que la única solución resida en un hedonismo desaforrado que nos lleva a viajar a las quimbambas, a comer en restaurante con estrellas, en beber los vinos más caros. Los periódicos van repletos de hoteles de lujo, de relojes carísimo y de tratamientos o productos de belleza para estar cada día más guapos en el país por excelencia de los mileruistas, en donde los índices de pobreza crecen y crecen sin parar. Hoy Catalunya es una sociedad más injusta y menos solidaria.
En la pintura del país aparecen grietas cada vez más profunda, el resquebrajamiento es cada vez más visible, Los pedazos van cayéndose, evidenciando las clapas. De no detener el proceso, de no proceder a su restauración, acabará hechos añicos, desprendiéndose del marco general, produciendo evidentes vacios, deshaciendo la composición y a la larga perdiendo cualquier sentido, si es que alguna vez lo tuvo.
La Vanguardia, 28 de enero de 2008
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La ciudad de las bombas
Banys Nous, Procesión de Corpus, Liceu…. La cocina está en otras manos. El tiempo ha pasado no en balde. A la geografía la han bautizado otra vez. El Barrio Chino, el Distrito Quinto, han caído del nomenclátor para dejar paso a lo políticamente correcto un Ravàl de ensoñación, un imaginario. La monumentalización del espacio, la llegada de los guiris, los apartamentos turísticos, la Rambla que no es tal rambla, el blanco de central lechera de MACBA, toda esta apariencia de realidad tapa la historia. Aquí se recalentaban las bombas en el siglo XIX, se mataba en los cruces de sus calles en el XX, y en XXI Al Qaeda ha plantado sus reales. Barcelona la ciudad pacifista, Barcelona la que hizo a exclamar a Bush padre que los Estados Unidos no cambiarían su política en Irak por unas manifestaciones en Barcelona, en donde salieron hasta las monjas y la hija de Vidal Cuadras se fue de camping a la plaza Francesc Macià, se ha dado de bruces con su tradición de sangre y pólvora. La rosa roja.
Engels el socio del señor Carlos Marx dejo escrito para la posterioridad que “Barcelona, la ciudad industrial más grandes de España, la historia de la cual registra más luchas de barricadas que cualquier otra ciudad del mundo” Un verdadero record cuando corría el año 1873 y que llegaría intacto hasta julio del 36 en que Centelles inmortalizó la confraternización entre los anarquistas y la guardia civil para hacer frente a los facciosos. Era la Revolución.
A las bombas anarquistas le siguen correlativamente las bombas de Al Qaeda, puede que incluso coincidan en la localización, es como una querencia por aquellos sitios que Joan Maragall ponía en solfa. “Quan jo era petit/ vivia arraulit/ en un carrer negre/ El mur hi era humit/ prô el sol hi era alegre”. Rosa de “Casa Leopoldo” recuerda la gente desparramada por los suelos durmiendo en colchones llegados del pueblo. Medio siglo más tarde vuelven las camas siempre calientes de los pisos pateras. La cirugía se ha quedado en un leafting apañadito. El gueto prosigue intacto a pesar de la propaganda oficial, a pesar del cúmulo de literatura vertida sobre este espacio que de canalla ha pasado a ser irremediablemente cutre.
Manolo Vazquez Montalbán hablaba de mezcla. Putas con familias obreras, profesionales de la marriconerería con locales sindicales ácratas, tiendas de preservativos con meublés, paradas de finos y generoso y paradas de cazalla o de “barreja”: cazalla con moscatel, Manolo, siempre Manolo ocurrente habla de la “barreja” como una de las primeras formas de contacto entre los llegados y autóctonos. La mezcla se ha deshecho como el barrio, como un nudo corredizo, esfumándose en la memoria.
Las bombas siguen recalentadas, en el sitio de siempre, en el bajo vientre de la ciudad. El “pánico social” esta servido en el mismo lugar. Todo ha cambiado. Nada ha cambiado.
La Vanguardia, 25 de enero de 2008
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Lágrimas de político.
El señor Ruiz Gallardón ha pillado un berrinche de mucho cuidado porque le han dicho que no, que no podía jugar con el tren eléctrico y que aquella no era sólo su fiesta. A mi, las chicas me lo suelen decir cada dos por tres y la verdad es que me lo tomo bastante mejor que él, con un cierto “fair play” y me pongo a seguir la liga de fútbol argentina para matar las noches, sino otros daños colaterales. Pero el señor Ruiz Gallardón pretendía hacerle la cama a su amigo Rajoy, y Rajoy gallego él, ha dicho aquello de Santa Rira, Rita, lo que se da no se quita. A mi lo que me hace más gracia de todo es el inmenso berenjenal es el interés que tiene la izquierda española en colocar al frente del PP al señor Gallardón. ¿Si el señor Gallardón resulta que es tan bueno, para que quieren ponerlo, para que pierda Zapatero? El señor Gallardón casa a los gays -eso a la izquierda le pone mucho- y el señor Bono se envuelve en la bandera, lo apadrina Raphael y tienen amigos obispos –y eso a la derecha también la da su vidilla-. Así que se podría buscar un terreno neutral e intercambiar prisioneros: que Bono se vaya al PP, su espacio natural y que Gallardón se vaya de una vez y por todas al PSOE y dejen de darnos la tostada con este culebrón.
Al señor Gallardón, lo han elegido sus conciudadanos alcalde de Madrid, que tampoco es ninguna pedanía y a medio mandato hace como su admirado Maragall, que se lo toma en plan sabático aunque éste lo que quiere es no irse a Roma sino salirse por peteneras a la Carrera de Sam Jerónimo a moverle el sillón o lo que pueda a don Mariano. Uno, en su inmensa ignorancia cree que aquello que más le convenga al Partido Popular lo sabrán mejor que nadie los señores y las señoras del propio Partido Popular y no precisamente el partido que pretende dejarlo sentado cuatro años más en la oposición, que es un sitio adecuado para hacer crucigramas, escribir las memorias o sacarse una novia en Venta de Baños pero donde no se toca la pechuga del poder ni por asomo.
Pero el señor Gallardón, es la “esperanza blanca” una especie de Anti/Aznar como hay un Anti/Cristo, el reverso de la medalla. Algunas almas candidas se creen que en él esta el Sarkozy español, la “derecha civilizada”, es decir la “derecha imposible” que este país, no tiene ni tendrá. El supuesto centrismo, el liberalismo y los modos de repelente niño Vicente, son una simple adecuación de la fisonomía a lo que dicen las encuestas y las necesidades del momento. Las bodas gays de Gallardón son como el catalán en la intimidad de Aznar. La política hace extraños compañeros de cama e incluso algunos se acuestan con los catalanes, aunque eso sí, por imperativo legal.
Yo no me creo para nada al señor Ruiz Gallardón, para nada. Un liberal de toda la vida, cuyo máximo valedor es don Manuel Fraga Irribarne, es como para que nos hagamos mirar todos en este país que demonios es ser liberal no sea que ahora ser liberal consista en poner el doble pito y cerrar el dominó. Ponerse a llorar en una presentación de Don Manuel es echarle teatro y algo más, porque don Manuel puede provocar muchos sentimientos algunos elevados, pero hacer pucheros solo puede hacerlo el señor Hierro, cuando abandonó la selección nacional española de fútbol y dejo de dar patadas en las espinillas de los contrarios. El resto no hemos de conformar con seguir los consejos de Miguel Bosé “los chicos no lloran solo pueden soñar/ los chicos no lloran solo pueden pelear. Es mi vida” Y la vida de todos los demás. Llorar, pelear, acaso soñar.
La Vanguardia, 20 de enero de 2008
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Lágrimas de político.
El señor Ruiz Gallardón ha pillado un berrinche de mucho cuidado porque le han dicho que no, que no podía jugar con el tren eléctrico y que aquella no era sólo su fiesta. A mi, las chicas me lo suelen decir cada dos por tres y la verdad es que me lo tomo bastante mejor que él, con un cierto “fair play” y me pongo a seguir la liga de fútbol argentina para matar las noches, sino otros daños colaterales. Pero el señor Ruiz Gallardón pretendía hacerle la cama a su amigo Rajoy, y Rajoy gallego él, ha dicho aquello de Santa Rira, Rita, lo que se da no se quita. A mi lo que me hace más gracia de todo es el inmenso berenjenal es el interés que tiene la izquierda española en colocar al frente del PP al señor Gallardón. ¿Si el señor Gallardón resulta que es tan bueno, para que quieren ponerlo, para que pierda Zapatero? El señor Gallardón casa a los gays -eso a la izquierda le pone mucho- y el señor Bono se envuelve en la bandera, lo apadrina Raphael y tienen amigos obispos –y eso a la derecha también la da su vidilla-. Así que se podría buscar un terreno neutral e intercambiar prisioneros: que Bono se vaya al PP, su espacio natural y que Gallardón se vaya de una vez y por todas al PSOE y dejen de darnos la tostada con este culebrón.
Al señor Gallardón, lo han elegido sus conciudadanos alcalde de Madrid, que tampoco es ninguna pedanía y a medio mandato hace como su admirado Maragall, que se lo toma en plan sabático aunque éste lo que quiere es no irse a Roma sino salirse por peteneras a la Carrera de Sam Jerónimo a moverle el sillón o lo que pueda a don Mariano. Uno, en su inmensa ignorancia cree que aquello que más le convenga al Partido Popular lo sabrán mejor que nadie los señores y las señoras del propio Partido Popular y no precisamente el partido que pretende dejarlo sentado cuatro años más en la oposición, que es un sitio adecuado para hacer crucigramas, escribir las memorias o sacarse una novia en Venta de Baños pero donde no se toca la pechuga del poder ni por asomo.
Pero el señor Gallardón, es la “esperanza blanca” una especie de Anti/Aznar como hay un Anti/Cristo, el reverso de la medalla. Algunas almas candidas se creen que en él esta el Sarkozy español, la “derecha civilizada”, es decir la “derecha imposible” que este país, no tiene ni tendrá. El supuesto centrismo, el liberalismo y los modos de repelente niño Vicente, son una simple adecuación de la fisonomía a lo que dicen las encuestas y las necesidades del momento. Las bodas gays de Gallardón son como el catalán en la intimidad de Aznar. La política hace extraños compañeros de cama e incluso algunos se acuestan con los catalanes, aunque eso sí, por imperativo legal.
Yo no me creo para nada al señor Ruiz Gallardón, para nada. Un liberal de toda la vida, cuyo máximo valedor es don Manuel Fraga Irribarne, es como para que nos hagamos mirar todos en este país que demonios es ser liberal no sea que ahora ser liberal consista en poner el doble pito y cerrar el dominó. Ponerse a llorar en una presentación de Don Manuel es echarle teatro y algo más, porque don Manuel puede provocar muchos sentimientos algunos elevados, pero hacer pucheros solo puede hacerlo el señor Hierro, cuando abandonó la selección nacional española de fútbol y dejo de dar patadas en las espinillas de los contrarios. El resto no hemos de conformar con seguir los consejos de Miguel Bosé “los chicos no lloran solo pueden soñar/ los chicos no lloran solo pueden pelear. Es mi vida” Y la vida de todos los demás. Llorar, pelear, acaso soñar.
La Vanguardia, 20 de enero de 2008
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Como extranjero.
Una patria es, por encima de cualquier otra consideración, una circunstancia. Y Barcelona no tiene una razón, sino dos para constituirse brillantemente en lo que bien podríamos calificar como el extranjero. Un agujero negro, un cajón de sastre a donde va a parar todo aquello que no nos pertenece, hasta conformar un magma del desamor, revuelto con nuestras vidas. Hoy Barcelona es territorio autista, que no sabe/no contesta salvo en su milésima parcela que igual es una narcosala que el paso rutilante del AVE por el centro de la ciudad. No, sin lo mío es el eslogan, la consigna. Barcelona es una ciudad colocada detrás de una pancarta, su verdadera bandera, su único escudo. Lo demás es el extranjero. Un limbo en donde no se vive, simplemente se está a veces incluso simplemente de paso.
Martí Saballs subdirector del diario económico Expansión explica en ese mismo periódico que en una cafetería delante de la Sagrada Familia el camarero cobró el doble (3.2 euros) a un extranjero (italiano) Al darse cuenta del abuso el supuesto extranjero protesto y a él se unieron otros clientes del local. En el pleno conflicto hizo acto de presencia el encargado quien sentenció el caso con prosapia, argumentando que: “cuando voy al extranjero también me cobran el doble”. El doble, mucho más del doble vale el metro cuadrado del paseo de Gràcia, llega a 26.000 euros y coloca a nuestra arteria precisamente en la estratosfera. La picaresca se ha adueñado de nosotros en alguna de sus múltiples variantes que puede llegar perfectamente hasta la llamada oferta y demanda, hasta la llamada ley del mercado, una virginidad conceptual.
Barcelona es para muchos eso: el extranjero. Han tenido que huir de ella ante la imposibilidad de ligar sus vidas por medio de una hipoteca, en un lazo que apenas deja resquicios para vivir la propia vida. Vienen a Barcelona por imperativo legal, para pagar la hipoteca y huyen despavoridos de esta especie de balneario, sintiéndose extranjeros en un extranjero que les es tan próximo y conocido como los canales de Venecia o las pirámides de Egipto. La vida vivida para otros que no sean unos mismos nos ha convertido en extranjeros, en extraños en nuestra propia ciudad. Nada de cuanto en ella suceda parece afectarnos, salvo -como queda dicho-, si pertenece a nuestros particulares intereses, igual que el viajero que reclama en el aeropuerto la maleta que debía haber llegado y nunca apareció. Barcelona, es hoy más que nunca eso, un extravío, una perdida, hasta tal punto que se nos ha convertido en ajena y extraña. Esta Barcelona ya no es la Barcelona de sus ciudadanos sino la Barcelona del extranjero. Ha dejado de ser un asunto personal, incluso un tema de política nacional. Es ya el extranjero. Un lugar de paso, siempre de paso”.
La Vanguardia, 18 de enero de 2008
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De teta en teta y tiro porque me toca
¡Estupendísima de la muerte! Estuvo la señora Pilar Rahola, en pleno marujeo en el programa del amo, Josep Cuní, cuando padeció un subidón –hay mucha gripe intestinal suelta- y afirmó que “el Rey tocó teta republicana”. Ni el más acérrimo de los republicanos puede pensar que Su Majestad sufra semejantes percances. De ilusiones también se vive, Pilarica mía. Una vez me crucé con Madona por las Ramblas y fui explicando que había tenido una relación con ella, eso sí una relación estrictamente peatonal.
¡Sí! Al gran cámara y jefe de retransmisiones de TVE, Luis Vidal. Se ha pasado 34 años y ahora lo jubilan. Entre otras proezas, dio al mundo el plano de la flecha que encendía el pebetero de Barcelona 92. Volverlo a ver es tener la lágrima asegurada. Dice una cosa estupenda: “Se conoce el nombre del locutor de la transmisión, del realizador, de los deportistas, pero nadie conoce el cámara que un plano”. Frente a la prosapia del frontispicio de la Rahola, la humilde sencillez de un hombre con una cámara en busca del plano adecuado. ¿Se puede pedir algo más?
¡Uf! Que la letra ganadora del concurso convocado por el Comité Olímpico Español para nuestros atletas tengan algo que cantar al subirse al podio no pasará precisamente a la historia de la literatura universal, es una cosa de todos sabida. Pero que en “La Noria” se permitan hacer coña con la condición de parado de su autor, a base decir que “el paro hace estragos” es una prueba más de la impiedad que nos rodea precisamente con aquellos que son más débiles.
¡Jo! Los nombres que suenan para formar el Consell de la Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals. Una vez se ha retirado de David Madi por CiU, espero que el resto de candidatos, desde Albert Sáez, Anna Balletbo, Del Pozo, Fernández Déu, Xavier Guitart, Berraondo o Armand Querol dejen paso de una puñetera vez a profesionales i-n-d-e-p-e-n-d-i-e-n-t-e-s de los partidos políticos porque si no TV3 se les va a morir entre las manos. Y nombren de otra puñetera vez a los directores de Catalunya Radio y de TV3 porque de lo contrario, como ocurre con los equipos de fútbol sin junta directiva o con junta directiva provisional, todo está paralizado y en el aire y la próxima temporada todavía –aunque cueste creerlo- puede ser peor que ésta. Y para saber eso ni siquiera hace falta llamarse Trallero.
¡Sí! Al buen programa de Manuel Campo Vidal en BTV sobre la inmigración a Catalunya titulado “El somni de Barcelona”. Aquella fue una verdadera odisea que les guste o no configuró la Catalunya actual. Buen trabajo.
¡Uy! Un cierto mal gusto –tampoco es ninguna rareza de la casa- ha llevado a Telecinco a estrenar la adaptación de una telenovela colombiana titulada ni más ni menos que “Sin tetas no hay paraíso”.
Aunque, eso sí, una mala semana la puede tener cualquiera.
“TVmania” suplemento semanal de televisión de La Vanguardia, 19-25 de enero, 2008. Pág. 14.
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La gripe como atraso
Antes la vida era la vida tal cual, y ya teníamos bastante. Ahora la vida, parece ser que una cosa bastante distinta a la vida que vivimos cada día. Antes una gripe era una gripe. Traía unas molestias soportables, nos sumía en un estado de letargo, cuando los síntomas más incisivos menguaban se disfrutaba de una aceptable flojera, nos manteníamos a una cierta distancia de la realidad y comportaba, sobre todo, estar unos días “fuera de circulación”, un cierto estado de quietud que nos impedía la lectura, pero nos dejaba reflexionar sobre el devenir. La gripe no eran desde luego unas vacaciones pagadas, en muchos casos llegaba a ser mortal, pero los mortales nos la tomábamos con la filosofía propia del caso. “Tengo la gripe” repetíamos a los interlocutores telefónicos y ellos se hacían cargo de esa especie de maldición/bendición que nos había caído encima. Teníamos la gripe, ¿qué íbamos a hacer, pobres de nosotros? El médico de la familia hacía la pertinente visita, como ahora revisan los contadores del gas, departía un rato con el enfermo, observaba el termómetro con el mismo interés que podría contemplar un acuario repleto de exóticos peces de colores; exploraba, hacía toser, repetir 33… tras lo cual solía recomendar siempre lo mismo: “cama, sobre todo mucha cama” Y el enfermo se relajaba, estiraba las piernas y un movimiento de felicidad le recorría la columna vertebral. Durante unos días sería el rey de la casa, todos serían mimos y atenciones hasta que se olvidaran de él y le dejaran por completo abandonado a su suerte, disfrutando por completo de su libertad, es decir de su soledad de apestado.
Ahora no se puede tener la gripe. La gripe resulta antisocial y estamos en la época de socialismo imperante. Te vacunan contra la gripe, quieras o no. Hay que vacunarse. Una vez perfectamente vacunado el personal suele contagiarse de gripe, pero ya está vacunado y las estadísticas efectuadas. “Este año se han vacunado en Catalunya…” proclama el político desde la tribuna. El pobre enfermo de gripe continúa enfermo de gripe, pero mientras antes te dejaban en paz ensimismado en las musarañas ahora te encierran dentro de una ambulancia en un túnel de acceso a las urgencias del Clìnic. Uno de lo mejores hospitales del mundo… pero que no da abasto ¿Y por qué tenemos la dichosa manía los ciudadanos de coger la gripe todos a un mismo tiempo? ¿Por qué no se establecen unos turnos oportunos? Todo el mundo quiere irse de vacaciones agosto y coger la gripe en invierno. Y no puede ser este desorden.
Pero ahora la gripe es tremenda. El señor Rafael Borrás es farmacéutico y afirma, sin tapujos, que “hay jarabes para la tos que pueden ser adictivos” No acaban aquí las malas noticias. No señor. Ahora resulta que hay que lavarse las manos, ¡como lo están ustedes leyendo! Por lo visto, según informa La Vanguardia, “lavarse las manos es un buen remedio para evitar el contagio de los virus del catarro y de la gripe”. Por lo visto, el contacto mano a mano es mucho más perjudicial a la salud que los dos acostumbrados besos en la mejilla. Pero no vale lavarse las manos de cualquier forma, hay que hacerlo “debidamente con jabón y después enjuagándonos bajo el chorro del agua”. Vamos siguiendo las instrucciones, igual que las azafatas nos enseñan a colocarnos el chaleco salvavidas antes de que el avión despegue.
Nada sabemos de los besos en la boca pero por si acaso absténganse de amar hasta que lo diga la señora Tura. Háganme caso, no cojan la gripe porque nada es como antes y tener la gripe, dentro de poco, hasta será delito o nos quitarán puntos.
La Vanguardia, 14 de enero de 2008
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Barcelona, sin mezquita
Los señores ediles tras sesudas deliberaciones han llegado a la no menos sesuda conclusión de que la Ciudad Condal no cuente con una gran mezquita, como cuentan las principales capitales europeas, Madrid sin ir más lejos. El descarte lo ha anunciado el llamado concejal de Derechos Civiles, el señor Joanquim Mestre (ICV-EUiA) No creo que sea peor la noticia, que la argumentación. Al fin y al cabo si se quiere se pueden utilizar argumentos de todas índoles. Estamos en un estado donde impera la separación entre la Iglesia y el estado pero ello no impide celebrar el aniversario de Convergencia en una iglesia abierta al culto –Santa Maria del Mar- o que la bandera de Catalunya ondee en lo alto del monasterio de Ripoll o el santuario de Nùria, que representantes políticos acudan a la misa de la Mercè o que los principales aspirantes a la presidencia de la Generalitat acudan a rendirle pleitesía al abad de Montserrat tal como hacia el Generalísimo. A nadie se le oculta que en las mezquitas se practica la discriminación de sexo, aunque la iglesia Católica impide el sacerdocio de las mujeres. Por último en los países musulmanes la activad de los cristianos está, en muchos casos, férreamente perseguida con lo cual podía establecerse perfectamente la conocida ley del ojo por ojo y el diente por diente.
El seño Mestre ha dicho sin embargo algunas tonterías remarcables. La primera es que la comunidad de Barcelona no es única, que hay muchas, cosa para lo cual no hace ser ningún experto en el Islam. Añade que “los lugares de culto de cada confesión es un tema que debe resolver cada confesión” Efectivamente pero eso siempre y cuando puedan hacerlo. Porque mientras se cerraba la mezquita de l´Hospitalet se celebraba el Festival de Cinne Erótico en la Fraga de l´Hospitalet. Pero para acabarlo de arreglar ha añadido que “el suelo público es escaso en Barcelona”
Todo ello es naturalmente mentira, o si ustedes prefieren verdades a medias, que son las peores. Barcelona no cuenta con una mezquita por motivos exclusivamente racistas. De la misma forma que se niega a los inmigrantes que puedan acceder como acceden a la sanidad o a la enseñanza, se les niega un lugar de culto potente que pueda consolidar su identidad y retrasar una supuesta “integración” a través de la división y la dispersión, a través de mantenerles en la marginalidad de mezquitas en locales lamentables y de hacerles sentir su condición de excluidos. Al fin y al cabo ya lo dijo hace tiempo la señora Marta Ferrusola, cuando afirmó que llegaría un día que los campanarios románicos serían sustituidos por las mezquitas.
Los inmigrantes tienen derechos, pero también tienen deberes. Los mismos deberes exactamente los mismos deberes que tengo yo o cualquier otro vecino. Sino estamos creando ciudadanos de segunda, vamos esparciendo los vientos que nos traerán, a buen seguro, las tormentas de mañana.
La Vanguardia, 11 de enero de 2008
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Está nevando
Cuando escribo estas líneas esta nevando, algo que no ha sucedido prácticamente en lo que llevamos de invierno. La sequía asola a Cataluña. Los pantanos están al 20% de su capacidad y el fantasma de las restricciones de agua, incluso en Barcelona, merodea por doquier. Así que si al hundimiento del Carmel, el desaguisado del Prat, el apagón del verano, las obras interminables del AVE, los hospitales chamuscados o/y colapsados o la huelga de los autobuseros le añadimos la falta de un elemento vital como es el agua la cosa puede tener su gracia. Que no va en coña lo ha dicho hasta el presidente Montilla quien, muy en su papel, ha pedido “madurez” a los catalanes, como si la madurez quitase la sed o permitiese lavarse los dientes. En fin que la cosa es grave hasta el punto que leo en una web oficial que “Hay que buscar agua, como quien dice, bajo las piedras. Esa es la consigna del Departament de Medi Ambient no ya de ahora, cuando la sequía resquebraja el suelo de los embalses, sino desde hace años. L’Agència Catalana de l’Aigua (ACA) –organismo de la conselleria que se encarga de las infraestructuras hídricas y el consejo general de Cámaras de Comercio de Catalunya han empezado a aplicar un proyecto que permitirá, a partir del 2010, que las industrias dejen de utilizar al año 58 hectómetros cúbicos (hm3) de agua potable para sus menesteres. Es decir, el consumo anual aproximado de una ciudad como Zaragoza –medio millón de habitantes- y casi lo mismo que potabilizará la desalinizadora del Llobregat, que entrará en servicio en el primer semestre del 2009”
Perfectamente de acuerdo, loables intentos. Sin embargo mientras todo esto sucede podía verse un espectáculo sensacional. Podrían verse estaciones de esquí –cuatro de ellas son propiedad de la Generalitat de Catalunya- Spot, Masella, La Molina y Port Ainé,- repletas de esquiadores. Se veía perfectamente una lengua blanca y a su alrededor una hierba hermosísima. Era claro está nieve artificial, nueve producida por cañones extrayendo agua de donde sea. Se ha dado el caso de que el departamento correspondiente de la Generalitat ha abierto expediente y ha acabado multando a alguna estación de esquí –propiedad de la Generalitat- por incumplir la normativa de la propia Generalitat. Lo más sorprendente de toda esta historia, es que todo el mundo sabe que es una verdadera catástrofe lo que se está haciendo para obtener nueve en esas condiciones. Un lector envió una carta a La Vanguardia en que se preguntaba “¿Por qué pueden consumir tanta agua para nieve artificial de forma innecesaria?, ¿por qué utilizan tanta energía eléctrica para que funcionen los cañones y los remontes? ¿Y el cambio climático?” Pues el cambio climático tururú porque se está proyectando otra nueva estación de esquí, eso sí con campo de golf incluido, en la Vall Fosca.
Quizás lo mejor de todo fue la respuesta que el señor Ferran Sáez Mateu, Doctor en Filosofía de la Universitat Ramón Llull, deparó al lector: “(…) la nieve de los cañones es sin duda “artificial”, pero de ninguna manera “innecesaria”: hay muchísimas familias que directa o indirectamente, viven de ella. De hecho, si el Pirineo catalán no se ha despoblado por completo es gracias a esa industria” Es decir, la misma, exactamente la misma argumentación que utilizaban los sindicatos para reclamar que no se multasen alas empresas que contaminaban, porque con ello se ponía en peligro sus puestos de trabajo. ¡Y pensar que nos manifestábamos contra el trasvase del Ebro para especulación inmobiliaria y campos de golf en Valencia! Si lo teníamos aquí al lado.
La Vanguardia, 7 de enero de 2008
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El escándalo Borja-Villel
El actual director del MACBA el señor Manolo Borja-Villel ha sido elegido a través de un concurso internacional como nuevo director del Museo Reina Sofía de Madrid. El hecho de que un profesional, en este caso un buen profesional, cambie de lugar de trabajo no parece que tendría que provocar ningún especial desasosiego. Afortunadamente al mundo de la cultura todavía no han llegado los aires futboleros, así que la marcha de Manolo no es entendida entre los aficionados como una traición de la índole de la que, por lo visto, cometió el señor Figo y que ha quedado guardada en la memoria colectiva para una mejor ocasión.
Sin embargo esta marcha plantea algunas cuestiones sumamente interesantes. Una de ellas es la propia existencia del Macba. El hasta ahora su director defendía un proyecto de una dimensiones más bien reducidas que encajaba en este puzzle de medianas o pequeñas instituciones, en ocasiones museos o colecciones privadas, en esta especie de minifundismo cultural que ha llenado Barcelona de unos “chiringuitos” de baja intensidad, de low cost. Frente al gigantismo y al americanismo del denodado Museo Guggenheim de Bilbao -¡menuda horterada esa de tener edificios singulares!- y por descontado el madrileño Reina Sofía, visto como el fruto del nacionalismo español, una ave rapaz que se nutria del expolio o la desnutrición de la periferia, Barcelona ofrecía eso si un proyecto de calidad, reconocido internacionalmente y de gran prestigio. El futuro de los museos pasaban por seguir a pies juntillas lo que se hacía en el MACBA, fuera del MACBA estaban pueblerinos, nuevos ricos, un universo parvenu. Y al fin y al cabo como dijo Camilo José Cela Madrid no era otra cosa que una mezcla entre Navalcarnero y Kansas City.
Ahora resulta que donde dije… No he conocido en mi vida a nadie, absolutamente a nadie que me hablase peor del Reina Sofía que a Manolo Borja-Vilell, decía verdaderas pestes.
La conmoción ha sido perfectamente descriptible. El conseller de Cultura no se ha enterrado de nada, cosa que tampoco es noticia. Y ha habido un llanto y crujir de dientes de poca entidad, con algunas excepciones. Por ejemplo el señor Mascarell, ex conseller ha señalado que “lo que me sorprende es que todo el mundo dé por sentado que la salida natural de Borja sea ir a Madrid. Lo natural es querer que el Macba sea el museo de referencia a nivel estatal, internacional incluso” El que fuera su director parece que no lo ha visto igual y parecería lógico saber que ha estado haciendo todos estos años. La señora Parcerisas en el “AVUI” ha puesto el dedo en la llaga: “Madrid ens ha passat la mà per la cara fins i tot en lliçons de democràcia i modernitat, mentre aquí seguim ancorats en el model polític postolímpic. Quo vadis Catalonia?” Aunque eso sí, el nuevo director del Reina Sofía lo primero que pretende hacer es repensar el Reina Sofía e igual le sale otro Macba.
La Vanguardia, 4 de enero de 2008.
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El 21 de diciembre
Ese día, en esa fecha, ocurrió una cosa sensacional, un acontecimiento único, un hecho extraordinario que quedará registrado para siempre en los anales de la historia. Es decir que no paso nada, absolutamente nada, al menos no pasó nada de lo que tenía que haber pasado y que naturalmente no sucedió. Ese día fue el día de la no-noticia. Tenía que pasar un gran acontecimiento, pronunciarse discursos, reunirse personalidades, depararse para bienes….y en cambio no sucedió nada de nada. Bien podría declararse por los organismos encargados de esas cosas, el 21 de diciembre como el día de la no noticia o quizás –mejor todavía- en esa fecha los políticos, la clase política catalana podían celebrar su día de fiesta, su santo patrón, reunirse en cuchipanda y celebrar antes, por la mañana un partido de fútbol, de esos de “costellada” entre periodistas y políticos, con finalidades beneficias, eso sí. Nada de 3%.
Ustedes me dirán, con toda la razón del mundo, que hay muchos días en su existencia en que, afortunadamente no les pasa nada. ¡Apañados estaríamos si cada día de nuestras vidas nos tuviera que suceder alguna cosa, alguna cosa noticiable! La verdad es que no ganaríamos para sustos. Pero el pasado 21 de diciembre tenía que haber pasado algo que no pasó, ese día tenía que haberse producido una noticia que finalmente no se produjo, porque ese 21 de diciembre el señor presidente del gobierno de una cosa llamada España, la octava o novena potencia económica mundial, el señor Rodríguez Zapatero, se comprometió a que el anhelado AVE entraría raudo y veloz en la ciudad de Barcelona. El AVE ni llego ni se le espera y como muy bien explicó la señora ministra de Fomento, la denostada señora Álvarez, con las previsiones pueden suceder dos cosas: que se cumplan o que no. Y esta vez, va a ser, que no. No es, claro está, ni la primera ni la vigésimo tercera ni la última vez que un gobierno incumple sus promesas. ¡Faltaría más! Pero esta vez no ha sido, si me permiten la expresión castiza, como mearse dentro de la piscina, sino mearse desde el trampolín porque hasta hace exactamente dos días los carteles anunciaba la llegada del AVE para el día de la fecha.
El AVE no llegó a Barcelona, pero llego a Málaga o a Valladolid que son capitales bellísimas, pizpiretas y postineras. Al AVE en Catalunya ya se le espera con un cierto despego y cuando el jefe de la estación alce la bandera roja y saque la gorra laureado gritando que “¡Que viene el AVE, que viene el AVE!” al personal mismamente le va a dar la risa tonta, como cuando se decía antes que viene el lobo, que viene el lobo, y el lobo nunca venía hasta que sí una día sí, un día iba. El AVE es el lobo feroz de los catalanes. Nos hemos quedado sin AVE porque en el fondo nos hemos quedado sin España. Una España incapaz de unir las dos principales capitales no es una España, ni una nación ni un estado, sino una postal. Y si los catalanes sintieron la imperiosa necesidad de unir Mataró con Barcelona por aquello de ser modernos el socialismo español ha creído más conveniente unir Madrid con Valladolid o con Málaga o Sevilla por aquello de vertebrar el territorio y porque los catalanes debemos pertenecer a la parte del reino invertebrado o por vertebrar por derecho de conquista.
En fin que el 21 de diciembre no paso nada de nada o pasó algo de lo que el personal se ha dado poca o nada cuenta. Y es que el señor Montilla les ha regalado los miembros de su gobierno un libro de Joseph-Antonie Toussant Denouart, un monje benedictino del siglo XVIII, titulado El arte de callarse. Un detalle. Aunque en ocasiones, sin embargo la distancia entre la sutiliza y el ridículo es espantosamente corta, como la distancia a la que se encuentra el AVE de Barcelona. A una meada como dice en el sur.
La Vanguardia, 31.12.2007
8 Comments
Enero 1, 2008 at 7:02 pm
Bona tarda Trallero (si em permet dir-li simplement així),
Segueixo els seus escrits amb atenció i interés i m’agraden, avui no estic massa fi i no tinc cap ocurréncia per dir-li.
Espero en el futur poder-li fer algún comentari intel.ligent i/o agut.
Que tingui un bon any i que trobi aquesta companya que segurament li farà la vida mes incomoda i segurament també mes interessant.
Ja sap, “de derrota en derrota hasta la victoria final”
Manel Castellà
Enero 2, 2008 at 11:51 am
Muy apropiada la fecha, sobre todo si recordamos que el 21 de diciembre es Santo Tomás, aquél del “si no lo veo, no lo creo”. Pues eso, pan con queso.
Enero 2, 2008 at 4:24 pm
Se ha olvidado de la Riviera Maya… Un cordial saludo.
Febrero 1, 2008 at 5:53 pm
Bravo por su artículo “El craquelado catalan”. Creo que señala un problema real de la sociedad actual: cada uno por su lado y la sensación de que somos cada vez más injustos e insolidarios. Pero no creo que sea exclusivo de Catalunya. De hecho podría haberlo titulado “El craquelado occidental” y seguramente habría acertado también. Le recuerdo que el fenómeno “no en el patio de mi casa” proviene de Estados Unidos que representa la sociedad del “hedonismo desaforado” por antonomasia.
Por otro lado estoy de acuerdo también con esas críticas mordaces que sus articulos suelen contener contra los nacionalismos, por reduccionistas, simplistas, a menudo xenófobos, y casi siempre estúpidos y cortos de miras.
Mi pregunta es la siguiente: ¿cómo conciliar una sociedad cohesionada, en que la gente tenga el sentimiento de pertenecer a un grupo, y sea capaz de sacrificar parte de su confort por el bien colectivo, con una sociedad abierta al mundo, que no pretenda inculcar lengua ni cultura, que no se crea superior a nadie, que no diga que “a Catalunya no hi cabem tots”? Es posible sentirse antes que nada ciudadano del mundo? ¿O eso es una quimera?
…
Febrero 6, 2008 at 4:37 pm
“¿Es posible sentirse antes que nada ciudadano del mundo?” Buena pregunta. Sería relativamente fácil si en lugar de mirarnos permanentemente el ombligo, nos diera por pensar que nuestro nacimiento en un lugar concreto es fruto de una tremenda casualidad. O lo que es lo mismo, el lugar de nacimiento es tan indeterminable y aleatorio, tan fruto de la casualidad como que esta servidora acierte algún día una quiniela (sobre todo si me empeño en hacerla con el corazón y no con la cabeza). En fin que somos europeos, pero podríamos haber sido africanos o americanos. Y que no habría nada que hubiera podido evitarlo, como de hecho nada pudo evitar que naciéramos en Catalunya, Euskadi, La Rioja o Tánger. Por eso el nacionalismo, por no hablar del racismo, son una tontería “ab initio”, pero vaya de tontos anda el mundo lleno. Y ojo que los no nacionalistas y los no racistas tampoco es que seamos mucho más listos ¿eh? Vamos, que somos seres humanos, que con eso ya se dice mucho o todo y de inteligencia no andamos sobrados.
Abril 30, 2008 at 5:22 pm
Una brillant selecció.
Abril 30, 2008 at 6:32 pm
Estoy de acuerdo en lo de no mirarse el ombligo, pero ser ciudadano del mundo siempre lo he encontrado un poco pedante.
Abril 30, 2008 at 9:19 pm
Hay gente que sí se puede considerar ciudadanos del mundo. Sobre todo aquél que ha vivido en tantos países que su patria es la sala d’espera de los aeropuertos.
No es pedantería, es una necesidad para adaptarse donde sea. Es una necesidad para ser tolerante y no cerrarse en lo local. Es una necesidad para sobrevivir.
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