Mayo 7, 2008...5:42 am

Menus con (des)encanto

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Sergi Arola para Iberia Business Plus

0 El ataque pernicioso de literatura que sufre el interesado creyéndose que es poeta, sociólogo u antropólogo, y no cocinero, tipo “he apostado por una carta menú al más puro estilo español” ¿Estilo escurialense? ¿O estilo remordimiento? Prosigue invicto: “una forma actualizada de entender la gastronomía -¡ya ha aparecido la palabreja!- como “cocina muy cercana”, así entrecomillado y en negrita. A lo mejor quería hacernos una “cocina muy lejana” tipo “Lejano Oriente” Remata con un “toque único que conserve el sabor de lo “nuestro” -de nuevo entrecomillado y en negrita. ¿Se referirá acaso a “un destino en lo universal”? -, las “señas de identidad -por ahí asoma la patita el pobre Manolo Vázquez Montalbán y toda la izquierda que querría justificar la vida padre que se pegaban- que nos diferencian de otras cocinas”.
A la hora de la verdad la azafata lo tiene muy claro: carne, verdura o pescado.

1 Los pimientos del piquillo –absolutamente adocenados- con ventresca de atún –perfectamente olvidable-, ensalada de escarola –a temperatura glaciar- aceite de oliva y vinagre de jerez. Una cosa que hasta yo soy capaz de hacer, que ya es decir.

2 Más literatura. Ahora vinícola. “Cereza granate brillante –hay que ser cursi para escribir una cosa así- Fresco en nariz –aún pillaremos un constipado-, aromas de frutas rojas, balsámicos (mentolados) –parece un jarabe para la tos- y especiados. Boca equilibrado, fresco, sabroso, amable -¿hay vinos antipáticos?- fluido, con paso frutal –ahí han estado bien- y final con recuerdos balsámicos – ¡otra vez!- y de fruta roja” —de nuevo.

3 El salteado de hortalizas frescas con langostinos resulta una composición dramática en donde las verduras naufragan en un mar de aceite con la extraña circunstancia de que unas parecen salir del mismísimo infierno y otras tiene aspecto de estalactita. Los langostinos presentan una corporeidad cercana al amianto.

4 El azafato nos riñe mucho porque todos a la hora del aperitivo hemos pedido lo mismo, por lo visto. ¿No querría que nos suicidásemos tomando una copa de cava o una naranjada de color confuso? Así que se ha acabado el “cereza granate brillante” y nos deberemos conformar con otro. Pero también se han acabado las copas, así que nos tomaremos el nuevo vino en las anteriores. Por si no fuera poco, el azafato -que no ha dejado de regañarnos ni un solo instante- vacía una botella sobre una señora como si estuviera efectuando una sesión de “vinoterapia”. La verdad es que no se oyen demasiadas excusas.

5 Los manteles y las servilletas estaban francamente húmedas, cuando no simplemente mojadas. Por lo visto, lo sucedido eso no era, ni con mucho, lo peor que nos podía pasar, y que hecho nos sucedió ¡Arola, tío ¿de que vas?!

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2 Comments

  • Por si le sirve de consuelo, con la mayoría de las otras compañías aereas (ojo, hay alguna excepción) no hubiera quedado mucho más satisfecho. Se hubiera ahorrado, esto si, las doctas explicaciones del gastrónomo aereo. Malo cuando la comida se tiene que explicar! Pero es que además viajar con Iberia, si se hace de forma voluntaria, es decir, si se vuela con la madrastra de Clickair habiendo otras alternativas, tiene para un catalán su punto de masoquismo. Después del maltrato recibido con el tema del aeropuerto del Prat por parte de estos caballeros, del que solo falta la puntilla final que se está cociendo estos días para hacerse con la nueva terminal, me resulta incomprensible que a Iberia todavía le quedan clientes aquí. Yo hago dos cosas: no volar nunca con Iberia (salvo casos de fuerza mayor) y explicarlo siempre que se me presenta la ocasión.

  • Nunca he entendido por qué la comida en los aviones es asquerosa, sin paños calientes. Ya se puede llamar como quiera o adornarla con bonitos nombres que es infame. Lo único que se salva es el bollito de pan, siempre y cuando sea convenientemente huntado en mantequilla y se tenga mucha hambre. Por lo demás, mejor darse al gin tonic o echar la siesta.

    A mí con Iberia me pasa lo mismo que con Telefónica: mejor malo conocido que bueno por conocer, porque la competencia no es que sea mejor y por lo menos a estos ya los conoces y sabes por dónde te van a fastidiar.

    Y por si no lo sabía, los cocineros de altos vuelos son los poetas del siglo XXI. No desprecie la literatura que hacen en sus menús, hombre, que peores “obras de arte” hemos contemplado ensimismados.

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