Abril 22, 2008...6:12 am
Barcelona es bona… o así
No sé que dirán las crónicas, pero mientras José Tomás intentaba deshacerse por tercera vez de su supuesto enemigo -por la casta del astado parecían viejos conocidos de toda la vida-, una señora justo a mi lado tuvo el irrefrenable deseo de explicarle a su interlocutor, gracias al teléfono móvil, que “Ay pobre, pobrecillo nuestro… he estado en Zara, he ido al Corte Inglés, he buscado pantalones, pero los que he encontrado todos llevaban cinturillas, esos no los he podido encontrar”. El cielo, mientras tanto, parecía desplomarse y Tomás con él, bajo una lluvia que no habíamos visto por estos pagos desde tiempo inmemorial, víctimas como somos los catalanes –por nuestra mala cabeza- de la “pertinaz sequía”. La Monumental era una polifonía multicolor formada por los paraguas de los espectadores, que sostenían con tesón, en un intento desesperado por ver algo. Y lo que se dice ver, se vio bien poca cosa.
El día antes –por ese truco del almendruco que las empresas cuando torea Tomás te hacen comprar la entrada de la corrida del día antes-, al menos vimos a una novia vestida de tal que le entregó el ramo a El Cid cuando daba la vuelta al ruedo, henchido de poesía y de vino de trasvasaba -¡con perdón!- de las botas que le arrojaban. Pero el día en que diluviaba sobre Barcelona, lo que se dice ver, no se vio nada. Tan sólo llover. Y eso que se habían calentado convenientemente los motores. El Juli, que formaba parte del cartel, había bendecido la tarde diciendo en El Mundo del domingo que a preguntas tales de “cómo le sienta escuchar que José Tomás vino a salvar la Fiesta tras su reaparición” entraba a degüello: “Decir eso no es algo acertado, por muchas cosas. Evidentemente, José Tomás es un grandioso torero y entre sus partidarios y admiradores estoy yo, pero el toreo es muy largo, muy complejo, y durante toda su existencia ha tenido siempre muchos pilares. Y en estos últimos años ha habido muchos pilares que han tirado de la Fiesta y que han hecho mucho para que siga adelante. Yo creo que el mejor aficionado es al que mayor número de toreros le caben en la cabeza y al que sólo le cabe un torero en la cabeza, creo que es un mal torero”.
Pues la plaza de Barcelona anda sembrada de ellos, taurinos de un par de tardes al año, precisamente las que torea –es un suponer, por lo visto anteayer- José Tomás, porque cuando este liquidó al quinto de la tarde, media plaza se levantó y nos quedamos el resto prácticamente en familia para ver precisamente la actuación de El Juli.
¿Y qué pasó mientras tanto? El Avui va y corta por lo sano. “La tortura no és cultura”. Por lo visto, que a uno le llamen “asesino” –calificativo que incluye por cierto al actual presidente de la Generalitat, el señor Montilla cuando acudía a la plaza- en presencia de las llamadas fuerzas del orden público entra dentro de la más absoluta normalidad… catalana. Para El País, “José Tomás defrauda en su regreso a la plaza de Barcelona”, mientras que La Vanguardia recurría al trabajo de orfebrería para decirnos que “José Tomás exhibió naturales de escalofrío con los pitones rasgando hilados de los alamares”. ¡Toma castaña! Y ABC remata de cabeza: “El Juli se impone a José Tomás y su plaza” para añadir que: “Juli afrontaba el reto en territorio comanche”.
Y eso que para la SER “no ha sido una de sus tardes más afortunadas y mira que el público iba con una ilusión de locura”. Pero, claro está, lo que aquí ocurra, aquí precisamente en que yo emprendo el recorrido, importa poco o nada. Vuelve la SER a pasar el rastrillo. “Habéis empezado a hablar de Madrid por la presencia de José Tomás fuera de la feria. Yo creo que en esa gran leyenda, en esa gran historia de José Tomás este año Madrid, fuera de San Isidro incluso, es la plaza clave, la definitiva”.
Barcelona no importa. ¿Para qué? Vulgares asesinos, aunque uno se aburra como una ostra. Por cierto, ¿cómo se aburren las ostras?
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“Llegan las maduras”, en Artículos.
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