Abril 5, 2008...5:28 am

El (no) trasvase

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Están las perversiones habituales. La ocultación de la realidad, el dominio del tiempo, la distorsión del lenguaje… Todo el paradigma de la manipulación política, un compendio. Aparecen unas estacas como por ensalmo, nadie repara en ellas ¿Para qué? Si no existen. El tempo se ha acelerado considerablemente, y con él la mentira. En un antes anterior a las elecciones, la captación de aguas, incluso de forma irregular con expedientes sancionadores abiertos por la Agencia Catalana del Agua, para abastecer de nieve artificial a las estaciones de esquí, era -en palabras del conseller Baltasar- “cosa de poca importancia”, una nimiedad. Después de las elecciones multa por lavar el coche. Se sacó “bèstia grossa” –algo como “alarma social” y estamos ante una “emergencia nacional”, -reparen en el adjetivo nacional- un slogan propagandístico tras el cual esconder la propia inoperancia, un remedo de la “pertinaz sequía” del franquismo y el No-Do. Todo cambia, nada pasa.
La izquierda se resguarda siempre detrás de las palabras, detrás la pancarta. “Trasvase” es un estigma, un “mal feo” una palabra demonizada. Había que sacar las tropas de Irak y tenerlas en Afganistán, eso sí, en misión de paz, he ahí la pequeña diferencia. Baltasar no puede hacer un trasvase, se lo impide la lengua ¿Qué hacer entonces? “Una captación puntual, temporal, desmontable y reversible del agua”. Y llega al delirio: “normalment els diccionaris recullen el que la gent parla, tant de bo els professionals de la comunicació ens trobin una paraula que ens permeti definir aquest fet, que és l’aportació d’un riu a un altre, sobretot amb aquestes característiques”. Remachando el clavo: “A vegades no ens expressem prou bé, però hi ha molta gent que no ens vol escoltar perquè és més còmode la situació que tenen” Pero claro el president de la “secció filològica de l’Institut d’Estudis Catalans” le responde: “no hi ha cap altra paraula diferent de transvasament, per definir el que es vol fer amb l’aigua del Segre”.
Ya lo ha escrito Adan Kovacsis, en Guerra y lenguaje: “El lenguaje ejerce un poder falso (…) Nuestro conocimiento del mundo está distorsionado porque se produce a través de él (…) actúa como herramienta del poder explotador, represor y engañoso, para someter a reprimidos, explotados y engañados (…) la lengua “que el periodismo ha vuelto corrupta e imposible” (…) “un recurso principal de la incomprensión” (…) “el lenguaje es incomprensible”. Este era el país en donde el poeta nacional sentenciaba: “Però hem viscut per salvar-vos els mots,/per retornar-vos el nom de cada cosa…” Decía Espriu antes que el cuarto cinturón fuese “la ronda del Vallès”; antes de que los barracones escolares fueran “aulas prefabricadas” o “aulas no convencionales”; antes que Terra Lliure fuese una “organización armada”, que el hundimiento del Carmelo fue un “accidente”, “desgracia natural” o “nuestro chapapote”; que el apagón fuese una “incidencia en el suministro eléctrico”; que los asesinos del bando republicano, fuesen unos “incontrolados”; que los retrasos de RENFE fuesen “alteraciones del horario” o la familia: “unidades de cohabitación”… Antes de la indecencia.
Tiene “su” razón Joaquim Nadal, portavoz del Govern cuando afirma: “És diguin com es diguin les coses és secundari, no es una cuestión semántica”. Claro, por lo visto es secundario que sea un “acto para la liberación de Euskalería” o “una acción terrorista” el asesinato de un ex cconcejal de su partido a manos de ETA. Pura semántica. Hay una copla popular, recogida por Pancracio Celdrán en “Hablar con corrección” que resume lo acaecido: “A la cara lo digo/pa que entiendas/porque a veces la cara/sirve de lengua”.

La Vanguardia, 4 de marzo de 2008

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