Un día gris en Madrid
Madrid se ha levantado con un cielo ni hecho ex profeso para la ocasión, de un gris sucio, deshilachado, que subraya aún más si cabe la sensación de tristeza infinita, de orfandad, de sentirse vacía, hueca. De los balcones pende inerte la bandera roja y gualda con los crespones negros, muerta al viento, como una mancha de dolor, pero el luto de los madrileños va por dentro.
Pasado el primer impacto, el estado de aturdimiento, sale el golpe, los moratones del alma. El impacto ha roto la barrera del sonido del sufrimiento, la magnitud se ha vuelto cualitativa, es un salto adelante en el vacío del horror. La gente trata de recuperarse, de animarse, de repetirse a sí misma, de repetir a los demás como una consigna, como una letanía de un responso, que sí, que la vida continúa, pero hoy en Madrid parece como si nuestros corazones hubieran dejado de latir, como muertos en vida. Es duro, muy duro, incluso para quienes la vida ha cerrado las cicatrices, para quienes tenemos espolones y escamas, para los de las pieles recauchutadas, e impermeabilizadas por el paso de los años, contra las inclemencias de los sentimientos. Duro de verdad. Ifema, el recinto ferial de Madrid, es desde la lejanía una mancha gris, de volúmenes cuadrados, unos iguales que los otros, que se suceden hasta el infinito. Aquí está el pabellón número seis, este es el final de trayecto, la última estación, el punto de encuentro con la muerte. A partir de aquí ya no hay esperanza, al menos no hay esperanza para este mundo. Aquí llegan en un goteo constante, una procesión interminable, los familiares de las víctimas. Cuando arriban a este último puerto ya saben desgraciadamente lo que les espera. También llega el alcalde, Alberto Ruiz-Gallardón, y frente a los periodistas anuncia medallas de oro para los héroes del día y un monumento para el recuerdo porque “esta memoria, la del dolor, la queremos conservar”. El alcalde es un alcalde entero, es decir, roto en mil pedazos.
Bajo una fina cortina de lluvia acompaño a un hombre negro, perdido en aquel laberinto. Su primo es una de las víctimas, un fallecido. Él vive en Torrejón, tiene que reconocer el cadáver, no sabe adónde ir, tiene miedo, no tiene papeles, es de Senegal y a pesar de que hoy el presidente del Gobierno, el señor Aznar, ha prometido nacionalizar españoles a todas la víctimas, él bajo una fina cortina de agua tiene miedo y el hombre blanco que soy yo lo deja solo, completamente solo, cerca de la puerta norte, cuando unos colegas se abalanzan sobre él, como simple carnaza al grito de guerra: “¿Es usted familiar de algunas de las víctimas?”.
Hay periodistas que hacen su trabajo. Lo que no consigo entender es cómo son capaces de hacerlo, de qué material están hechos, cómo no se echan a llorar, y prorrumpen en sollozos. Pero no lo hacen, tienen arrestos para colar un micrófono en la cara de los familiares, ajustarse la corbata, tragar saliva, y hablar delante de la cámaras, salir corriendo máquina en ristre cuando una señora ecuatoriana sufre una crisis de ansiedad, y desvanecida es atendida en una ambulancia próxima, provocar un destello de flashes, como una nube de color artificial, cada vez que aparece alguien entrelazado a un familiar, arrastrándose, roto por el dolor, con la mirada extraviada, perdida, mirando a ninguna parte.
Parece un aeropuerto al que van llegando los pasajeros, apresuradamente, con el tiempo justo para embarcar en un vuelo, a punto de partir. Es un acuario en donde tras los cristales hay seres humanos desvencijados, hechos añicos, pero los periodistas estamos allí cubriendo la noticia, al otro lado nosotros ponemos la información y ellos ponen la desolación. Un verdadero asco, que le revuelve el estómago a cualquiera. Pero hay que buscar a los protagonistas, por entre los colores. Del negro que pende de las antenas de los taxis a los azules de la policía, del rojo de los miembros de la Cruz Roja al blanco de los sanitarios, del gris de los guardas de seguridad, de nuevo al negro de los sacerdotes, que tratan de impartir algo tan etéreo como es el llamado consuelo espiritual. Dentro hay una capilla, en que se suceden las misas. El sacerdote es un hombre pulido, luce el uniforme con porte, se ajusta las gafas y acto seguido declara: “Dentro de todo el sufrimiento hay una esperanza, hay que trasmitírsela, la esperanza está en apoyarles, en dejarles que hablen, en llevarles un vaso de agua, en robarles un momento de dolor. Pero sobre todo hay que vacunarles contra el odio”.
Madrid es hoy el nombre de un nudo en la garganta, un lamento, una plegaria, quién sabe si acaso una esperanza. En Madrid llueve, caen unas gotas grandes, grandes como nuestras propias lágrimas.
·
Ana Botella: “Llegamos al IFEMA. Primero entramos en el Pabellón 6 donde estaban los cadáveres (…) Estuve hablando con los trabajadores sociales. Cada vez que entraba alguien en el IFEMA tenía un trabajador social con él”.
[Fuente: Ana Botella (con la colaboración de Álvaro del Corral Navarrete) Mis ocho años en La Moncloa, DeBolsillo, Barcelona, 2004.]
·
Pilar Majón: “Echamos en falta la presencia de cargos institucionales en el caos de Ifema, pabellón de la muerte. Si acaso vinieron, con el tiempo justo para hacerse la foto. Les adivinamos de pasada, desde lejos (…) Se contrató un aluvión de psicólogos y psiquiatras. ¿Para qué? Para qué si no nos acompañaron. Nos acompañamos entre nosotros. Ellos se quedaron en su despachos esperando que fuéramos a verles si nos encontrábamos mal (…) Nos trataron como a enfermos, antes de preguntarnos nos medicaron”.
[Fuente: Asociación 11-M afectados de terrorismo. “Señor presidente…”]
·
“Amaneció con lluvia. ‘Llora sobre Madrid’, escuche en la radio. Era un día triste. Nadie pitaba en los semáforos”. Para la esposa del presidente del gobierno, ese es un argumento definitivo.
·
“Pero algunas personas, esa tarde ya estaba enturbiada. La investigación de la autoría del atentado empezaba a ser para ellas más importante que el atentado en sí. Y eso empezaba a notarse (…) Cuando llegue a la cabecera de la manifestación inmediatamente me di cuenta que aquello iba ser un calvario”.
Curiosa dialéctica de taxidermista al separar la investigación del atentado, ni que fuera porque el humo lleva al fuego.
Una bronca montada junto a la pancarta donde iba la señora Botella. Bajo el paraguas los mandatarios extranjeros, el gobierno en pleno, la casa real con Infantas y el Príncipe mojándose desde la altura y sin Leticia. Un lugar hecho ni ex profeso para liarla a falta de seguratas.
·
Manifestación en el Paseo de Gracia de Barcelona: “En total segons la Guàrdia Urbana, hi participen 1.605.000 persones. Però segons l´acreditat col.lectiu Contrastant, la cifra es inversemblent perquè el Passeig de Gràcia no pot encabir un milió de persones. “Segons el nostre cálcul pot encabir proa de 220.000 persones. […] És doncs clar que la Guàrdia Urbana mentéis (…)
¡Y yo que pensaba que los niños venían de París! Hay una creencia muy extendida que cuando la Policía o la Magistratura da cualquier información es absolutamente cierta y verídica por ser quien es la fuente. Se olvida el común de los mortales que la policía o la magistratura no abandona nunca su oficio.
Pero lo peor de todo por lo visto es que: “La professió periodística sap perfectament que hi ha manifstacions en que s´infla escandalosament la xfira d´assistents per determinats interesaos ideológics i/o polítics […] Saben perfectament que en lloc d´informar estan contribuint a la difusió i a la propagació d´una mentida”.
[Fuente: Vicente Alexandre: El cas Carod Rovira]
·
TVE cambia la película que tenía programada, Shakespeare in love, por el documental Asesinato en Febrero, basado en el asesinato del secretario general del PSOE de Álava, Fernando Buesa y de su escolta Jorge Diez Elorza, el 22 de febrero del 2000.
·
En Pamplona el propietario de una panadería, miembro del colectivo de familiares de presos de ETA, impide que una mujer coloque un cartel en el escaparate con el eslogan de “ETA no” Al cabo de un rato se presentan en el establecimiento el hijo y el marido de la mujer y matan al panadero.
·
El conseller en cap Josep Bargalló dice que: “representants autorizats del servei secret espanyol m´han comunicat a mi directament la seva insatisfacció professional perquè allò que ells transmeteixen al govern no era allò que el govern transmetia a la població”. Ja, ja y ja.



Escribe un comentario