Tuvo la ocurrencia de nacer en Barcelona, pero para evitar molestias a los demás, ya vino autodeterminado a este mundo. No le pasó nada más reseñable –ni siquiera fue del PSUC- hasta que trató de introducirle un lapicero, por sálvase la parte, a la hija de la portera quien no entendió el carácter científico del experimento. Daniel, el hijo de Manolo Vázquez Montalbán, considera que no ha madurado y que todavía está en plena adolescencia. Tal idea es un antiarrugas magnífico. Escribió en La Vanguardia desde hace casi veinte años. El 13 de julio del 2008 salió por su propio pie. No se registraron daños colaterales. Cree en el periodismo porque peor sería tener que trabajar, porque es una forma elevada de hacer el gamberro y porque al fin y al cabo es como el sexo oral: al principio de practicarlo da asco, después lo encuentras pasable y final te gusta. Ningún periodista le considera un colega suyo. Ha renunciado ante notario a recibir el Premi Ciutat de Barcelona... si se diera el caso. Su epitafio favorito es “Aquí yace uno que hizo lo que pudo…y no fue demasiado”.
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