La perversión del lenguaje y de la oposición

El Carmelo no solo representó el ejercicio de la censura a través de la ocultación de determinadas imagines o informaciones, en querer convertir a la administración en la única fuente de información. Fue mucho peor, inauguró, quizás por primera vez en Catalunya, un nuevo estilo, Se pervirtió el lenguaje con fines espurio. Allá empezó todo. No en vano la sintaxis es una moral. El resultado fue espeluznante y el director de GISA hablaba de “catástrofe natural”, el decano de Colegio de Ingenieros de Caminos de “desgracia” y el alcalde de “accidente”, mientras el conseller reconoció que lo sucedido se podía haber evitado. Un debate televisivo en TV3, sin la presencia de un solo vecino afectado, acabó recomendado el presentador diversos libros sobre el tema. La última recomendación fue memorable: un tratado de geología. Cientos de personas dormían fuera de casas, muchos de ellos la perderían para siempre. Un tratado de geología para saber más del tema.
Años después cuando la ciudad, cuando Barcelona sufrió el mayor apagón de su historia las compañías eléctricas se referirían a él como a “una incidencia en el suministro eléctrico” Nada de ello hubiera sido posible sin el Carmelo, incluso no hubiese sido posible que el conseller Bargallo desde la tribuna del Parlament, se refiriese a barracones escolares llamándoles “aulas no convencionales” No hubiera sido posible.
El eufemismo es el condimento adecuado para la noticia-precocinada, casi su condición inexcusable para que pueda existir, su medio natural, como el agua al pez. En Catalunya, en plena democracia se utiliza igual que en tiempos de la dictadura franquista cuando se decía “las fuerzas del orden público se han visto obligadas a intervenir”
La oposición, dijese lo que dijese, compartía plenamente la idea de la censura. Tenía su gracia –triste pero gracia al fin y al cabo-, que quien pidiese la dimisión de Enric Marín como secretario general de Comunicació de la Generalitat. Fuese nada menos que el siniestro David Madí, amtiguo secretario ejecutivo de Convergència Democràtica. Éste consideraba que el protocolo de lo noticiable era “absolutamente indecente e irrespetuoso con los medios de comunicación”, y afirmó que “responde a una actitud antidemocrática del Govern y es una violación absoluta del derecho principal de los periodistas, como es la libertad de información”. Acusó a Marín de haber querido “manipular y censurar la información” El chiste consistí en que Madí también fue, con CiU, también secretario general de Comunicació en la anterior legislatura y dimitió después de descubrirse una manipulación de encuestas. Le salvo de la comisión de investigación, un “pacto del capó”, porque por lo visto en el Ayuntamiento de Barcelona –socialista- se descubrió que sucedía lo mismo.
El otro gran valedor de la libertad de expresión fue el señor Xavier Trias (CiU) quien señaló al alcalde Joan Clos y al portavoz Ferran Mascarell como “inspiradores del protocolo con el que el ejecutivo de la Generalitat pretende restringir la cobertura informativa del desastre del Carmel”.
Había sin embargo un pequeño detalle, sin importancia. En el metro de Barcelona se registró un accidente, habían heridos, entre ellos el conductor del convoy que quedó atrapado. Como era festivo, y no debía nadie más mano, fui desplazado al lugar de los hechos, Mientras me trasladaba oí por la emisora, “Catalunya Informació” , emisora de la Generalitat de Catalunya, que el conductor ya había sido evacuado. Cual sería mi sorpresa al llegar y comprobar que no era cierto, el conductor proseguía en su encierro, y los bomberos hacían denodados esfuerzos para liberarlo.
Naturalmente escribí la crónica esa contradicción entre la información tipo “está pasando, lo están viendo” y lo que en realidad sucedía. Tiempo después una joven periodista me increpo diciendo que por mi culpa “estuvieron a punto de echarme de la emisora” Y ante mi absoluta indiferencia me asestó “Lo dijo Clos que el conductor ya estaba evacuado, ¿lo entiendes?” Lo entendí todo, entendí que lo que quería hacer Marín no era una práctica ajena, a la práctica consuetudinaria de los periodistas barceloneses. Son las autoridades son las que por regla general establecen que es noticiable. La agresión a la chica ecuatoriana es noticia, el interior del túnel hundido del Carmelo por supuesto que no.
Pero el día del accidente de metro sucedió algo más. Los fotógrafos llevaban más cinco horas esperando el ansiado momento del rescate del conductor cuando este se produjo, el señor Xavier Trias, se colocó en primera línea e impidió con su cuerpo y con la colaboración de la Guardia Urbana a la que reclamo su participación, que los periodistas gráficos pudieran realizar su trabajo. El señor Trias, jefe de la oposición del ayuntamiento de Barcelona, acababa de decidir el solito que debería aparece o que no debería aparecer en las portadas de los diarios del día siguiente, que deberíamos ver o que no deberíamos ver sus conciudadanos. Un contumaz defensor de la libertad de expresión.
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Esta noche, escrituración en directo del debate Zapatero Rajoy.
