Febrero 15, 2008...5:35 am

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Hoja de calendario

Hace 2 días que Salvador Sostres escribió a raíz de la operación de cáncer pulmonar que “a Duran l’han ingressat perquè no aguanta. No té fusta de polític, no aguanta. Quan és l’hora de donar la talla, no aguanta. Té crisis, es posa malalt. Vés a saber quina cosa respiratòria li ha agafat ara, naturalment psicosomàtica. És igual. El cas és que no aguanta (…) Escolta, Duran, ets un nena”. Mi más sincera felicitación, entre otros, a los señores Valentí Puig, Xavier Bosch, David Madí, Macià Alavedra, Lluís Prenafeta, a los miembros de la Fundación “Catalunya Oberta”, a los restaurantes “Via Veneto” y “Drolma”, y a la coctelería “Tirsa”.

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Había una vez un circo

La señora María Teresa Campos ha instalado sus reales, en forma de carpa, para celebrar bodas de ricos, exactamente encima del puente de la Rambla del Carmel, un sitio que tiene un extraño parecido con un decorado de la película 55 en días en Pekín y que, según la gente de casa, es donde más viento hace de todo el barrio. A pesar de la ventolera, se ha llevado a cabo el aquelarre en forma de programa Cada día para Antena 3 con entrevistas en vivo y en directo desde la llamada zona cero, un lugar donde a mí nunca me han dejado entrar, pero ya se sabe que una cosa es el periodismo y otra, muy distinta, el espectáculo. Se ha reunido, pues, una nutrida concurrencia para ver qué le pasaba a esta especie de reproducción exacta de la Gallina Caponata, mientras en los bares de las inmediaciones el personal se atizaba unos tientos de licor de menta que refrescaba por dentro y por fuera, y que servía para desatascar las cañerías del alma a primera hora de la mañana en medio de fragor de los bocatas. El señor de la casa ha reconocido por el televisor, entre los asistentes al evento, entre el público o claca, a la sobrina de su mujer, “la rubia, la rubia esa”. La señora Campos, venida ex profeso de la capital del reino, ha trazado un lazo de dolor que unía Madrid, rascacielos Windsor, con Barcelona, barrio del Carmel, y ha dicho unas cuantas cursiladas, para acabar indefectiblemente rebuscando la postal y referirse a los “charnegos de las novelas de Marsé”.Mientras en la Castellana una bola de fuego descendía del cielo a través de la cristalera y las planchas de aluminio, aquí hacía un frío que pelaba. El personal preguntaba: “¿Es la Campos?”, y la respuesta solía ser siempre la misma: “¡Joder!”. Cuando ha salido el conseller Nadal del programa –más conseller que ayer, pero menos, bastante menos que mañana – se le han echado encima los vecinos, trufados por Mossos d?Esquadra: “Señor Nadal, ¿dónde están los técnicos de distrito?”. Una señora, a lágrima viva, le ha explicado: “Que después de 40 años de pagar la hipoteca no tengo nada”. Nadal se ha venido abajo, como un peso pesado que dobla la rodilla sobre la lona del ring noqueado, esperando que le cuenten hasta diez para arrojar la toalla, lívido, con bolsas debajo de los párpados, y la lengua de estropajo. Nadal es hoy un vencido en el cuerpo a cuerpo, y aquí es donde se ganan o se pierden los combates. El resto es una simple cuestión de tiempo. Por la pista central han pasado otras atracciones como Xavier Trias, que tiene una endiablada facilidad para colgarse del cuello de sus interlocutores y decirles lo mucho que les quiere. También ha dicho otras cosas: “No puede ser que parezca que los políticos nos tapamos los unos a los otros”, y es que, en el Carmel, no sólo se han caído unos cuantos edificios, sino también una cierta cultura política y quién sabe si también toda una generación de políticos catalanes a quienes puede haberles llegado la jubilación anticipada o no. Después ha salido el señor Buenafuente a hacer el mismo papel que Carmen Sevilla con las tropas españolas que combatían en Sidi-Ifni, hasta que el señor Clos ha puesto el broche de oro: “El Carmel tiene unas vistas estupendas, aunque, eso sí, hace mucha subida”. Es la pareja de dominó que yo nunca querría.

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