Febrero 7, 2008...5:42 am

Nieve y agua

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Diario desde el Carmelo. Día de visitas

Hemos amanecido envueltos por el celofán de una fina lluvia. El señor de la casa ha acondicionado los pájaros en sus jaulas, mientras yo tomaba café en la cocina en pijama y con los pies descalzos. Una voz del televisor disertaba una homilía sobre el método austriaco de perforar túneles, que escuchado aquí suena como a cochinada, a batiscafo y a hilillos de plastilina. En los bares iban de cafés con leche y copas de coñac mayestáticas, a la espera del tapeo del mediodía y las primeras cervezas. Aquí nadie tiene zarrapastrosa idea de quién es Marsé, ni quién demonios es un tal Pijoaparte, ni por qué perdía este señor sus tardes con una tal Teresa, ni falta que les hace. Aquí no hay sitio para la literatura ni los juegos de palabras. “Si pasa esto en Pedralbes tendría importancia, pero como pasa aquí… Lo importante es que gane el Barça”, retumba con acierto un parroquiano. Las autoridades han amanecido envueltos en un diluvio universal. Visitar el Carmel el domingo por la mañana y lloviendo es hacerlo para no encontrarse ni con tu propia sombra. El señor Clos y el señor Maragall han girado mitad visita de médico, mitad visita de obra, con el claro propósito de ser perfectamente invisibles, y casi lo han conseguido. En un centro de asistencia social una vecina se ha quejado de que no les hacían caso. “¿Se oían las explosiones?”, ha inquirido el president. Respuesta afirmativa, se oían perfectamente y todo vibraba, han contestado las empleadas del lugar. Maragall ha fruncido el entrecejo. “A ustedes en este barrio sólo se les ve cuando vienen a pedir el voto, yo confiaba mucho en ustedes”, espeta la vecina. Clos buscaba con la mirada la salida, y Maragall encajaba el directo de mandíbula. “Éste es nuestro chapapote, hoy del Carmel habla todo el mundo. Habrá fondos de la Unión Europea, de España. Haremos un barrio mucho mejor”. “¿Cuándo?”, inquiere la vecina al President. “Quedamos citados de aquí a un año y pongo por testigo a este señor, que tiene la pluma muy afilada”, refiriéndose a este vecino accidental del Carmel que soy yo. Hemos reseguido la ruta del desastre paraguas en ristre, y mientras la comitiva entraba en la zona cero a los chicos de la prensa nos han dado con la puerta en los narices. Sería a todas luces conveniente que entre los efectivos de los Mossos d’Esquadra se repartiese algún manual de autoayuda tipo Cómo hacer amigos entre los periodistas. Los vecinos se han comportado con una exquisita educación, con el señorío de los humildes, sin histerismos Una vez ya de vuelta remojado con un pollo y tras cruzarme con el señor obispo, le he mostrado los periódicos a la señora de la casa. Ha pasado un par de páginas de La Vanguardia y se ha echado a llorar. “No puedo mirarlo, no puedo”, y allá estaban las habitaciones sin fachada y sus amigos de toda la vida rebuscando recuerdos entre las ruinas. Nos hemos abrazado, simplemente eso, mientras ella lloraba y yo no sabía qué decirle para consolarla. Menos mal que en el Mirador del Carmelo hemos degustado las mejores patatas bravas de Barcelona” “La Vanguardia” 7 de febrero del 2005

Un año más tarde.

No señor President, no.

Hace un año, poco más o menos, era una mañana como está, hace un año el frío apelmazaba los ánimos y la zozobra caía encima como una losa. Hace un año una nube de informadores nos lanzamos en picado y ahora hemos vuelto sobre nuestros pasos, a pesar de que el paso del tiempo nunca es noticia. Y hace un año yo tomaba café en el comedor de Baldo y su mujer, al otro lado de la calle Bernat Bransi empezaba la llamada “zona cero”, la pura ruina y hoy igual que entonces. Yo entonces no sabía nada del Carmelo, pero veía llorar a la gente por la calle, con unas lágrimas que les resbalaban por las mejillas y a mi me partían el corazón mientras empujaban las maletas cuesta abajo y me decían prendidas de mi cuello: “mi casa, mi casa es todo lo que tengo en esta vida” y después se iban por entre los escombros a revolver y buscar la foto del día de su boda. Diez días conviví con ellos, y en diez días lo aprendí casi todo, aprendí todo lo que hasta entonces no había sabido –o querido- aprender. La gente del Carmelo me enseñaron educación y buenas maneras, me enseñaron cultura, la suya, y a su lado estuve en la churrería, en la iglesia evangelista y en la peña del Atletico de Madrid, lloré con la señora de la pastelería y tome vinos con los camareros del bar del Majestic y descubrí las mejores patatas bravas de Barcelona. Hace tan solo un año y ya parece un eternidad, apreté los dientes y me repetí una y mil veces de que no, que no hay, de que no había derecho.
Hace un año escribí en estas mismas paginas lo siguiente: “En un Centro de Asistencia Social una vecina, se ha quejado de que no les hacían caso “¿se oían las explosiones?” ha inquirido el President. Respuesta afirmativa, se oían perfectamente y todo vibraba han contestado las empleadas del lugar. Maragall ha fruncido el entrecejo “A ustedes en este barrio solo se les ve cuando vienen a pedir el voto, yo confiaba mucho en ustedes” Clos buscaba con la mirada la salida, y Maragall encajaba el directo de mandíbula. “Este es nuestro chapapote, hoy del Carmel habla todo el mundo. Habrá fondos de la Unión Europea, de España. Haremos un barrio mucho mejor” “¿Cuándo?” le inquiere la vecina al President. “Quedamos citados de aquí un año y pongo por testigo a este señor que tiene la pluma muy afilada” refiriéndose a este vecino accidental de El Carmel que soy yo”
Pues no señor President, con todos mis respetos, hoy el Carmelo no es un barrio mejor por mucho que las hormigoneras hayan desaparecido y por muchos que se vayan a construir nuevos pisos. Porque lo que entonces reclamaban y reclaman es dignidad, saber lo que pasó y porque pasó, y quines fueron los responsables. Quizá por ello medio en broma medio en serio a la futura plaza levantada exactamente en donde se produjo el hundimiento, algunos vecinos han propuesto llamarla precisamente “la plaza del 3%”

La Vanguardia, 28 de enero del 2006.

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Acuse de recibo

Estimado articulista, ante todo aunque disienta de Vd., educación y ética:
Incidiendo en mi derecho de réplica a sus artículos publicados en La Vanguardia me permito nuevamente indicarle que, a veces se emiten “opiniones” “ligeramente” desinformadas o al menos no suficientemente bien documentadas. Y que entenderá que ejerzo mi pleno derecho democrático a disentir de sus puntos de vista.
Una estación de esquí es una inversión, ecológica, de energías renovables y generadora de un gran valor añadido de riqueza y trabajo que beneficia especialmente a los habitantes de la zona.
En el caso de Baqueira-Beret-Alt Aneu puedo darle datos con fe de causa y sin miedo a confusiones o desinformaciones.

1) Las estaciones crean riqueza y estabilizan población, creando puestos de trabajo.

2) El aludido consumo eléctrico es como el de cualquier industria no contaminadora. Las zonas de montaña y en concreto el alto Pallars Aran son productoras netas de electricidad (Hidroeléctricas)

3) El consumo de agua no es tal, solo se almacena en forma de nieve para volver a su cuenca en primavera, regulando caudales.

4) La agricultura consume muchísima agua, pero ¿vamos por eso a dejar de cultivar productos?

En fin, solamente informarle que Baqueira Beret está regulada por la Agencia Catalana de l’Aigua que ha autorizado unos caudales que se respetan escrupulosamente y que se controlan de forma exhaustiva mediante revisiones periódicas. En ningún momento se ha producido o cometido infracción alguna y las denuncias presentadas por los ecologistas de Ipcena fueron rechazadas por la Fiscalía de Lleida.
Para su información le envío la memoria de la ACEM donde encontrará datos sobre el tema agua y nieve artificial. Gracias por su lectura, análisis y comprensión.

Atentamente,

José Mª Manchion Fiol

Coletilla: “Esquí: negocio público dudoso. Las autonomías invierten en pistas de futuro incierto para apoyar urbanizaciones. La cota de nieve subirá 300 metros por el calentamiento, según un estudio oficial.”

[Fuente: El País, 28 de enero del 2008]

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